martes, 28 de marzo de 2017

Las causas sociales de la apostasía de España, según Borkenau


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Cuando Franz Borkenau pone pie en España por primera vez acababa de comenzar la guerra civil. Era septiembre de 1936. Vienés de origen judío, educado en el catolicismo, había abandonado la fe y abrazado el comunismo. Para cuando llegó a España ya se había desilusionado con el Partido comunista, aunque seguía considerándose socialista. Traía con él su bagaje como investigador social y una vista aguileña para desentrañar procesos históricos.
A veces, un recién llegado advierte, con su mirada fresca, conexiones dentro del entramado histórico local que se escapan a los nativos. En 1937 publicó “El reñidero español”, libro en el que recoge su breve experiencia en la guerra de España. El libro está lleno de observaciones agudas. Una de ellas resulta particularmente sugestiva:

“Las masas españolas han abandonado a su Iglesia, no porque hayan perdido el fervor religioso tradicional de su raza, sino porque esa misma Iglesia española lo ha perdido”.

miércoles, 8 de marzo de 2017

El samaritano elige hacerse amigo de su enemigo


Como he recibido algunas objeciones a la entrada sobre Sodoma, voy a matizar. Los extranjeros, los inmigrantes, los transeúntes, son el lugar en el que se verifica el pecado de Sodoma, precisamente porque en ellos se manifiesta un aspecto crucial y misterioso de la alianza de Dios con los hombres y con todo lo creado. La gravedad del pecado y el castigo de Sodoma se comprenden a la luz de un mensaje que penetra de lado a lado la vieja alianza. «No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque fuisteis extranjeros» (Ex). «Cuando un extranjero resida contigo en tu tierra, no lo molestarás», pero no sólo: «Él será para vosotros como uno de vuestros compatriotas y lo amarás como a ti mismo, porque fuisteis extranjeros…» (Lv). «[Dios] ama al extranjero y le da ropa y alimento… Amad al extranjero, ya que vosotros fuisteis extranjeros» (Dt) y muchos otros pasajes semejantes. Hasta llegar a la narración del juicio final, en la que Jesús anticipa la revelación que hará a los elegidos: «Porque fui extranjero (estaba de paso) y me acogisteis» (Mt). Para nosotros no es fácil pesar estas palabras. Con facilidad las desfiguramos ideológicamente, haciéndolas insignificantes al escudarnos en lo diferente de nuestro contexto o disolviéndolas dentro de un discurso de los derechos humanos. Según la lógica de derecha o de izquierda de cada cual. Pero el problema no es la amenaza al nivel de vida occidental ni las quimeras de sistemas tan  perfectos que hagan superfluo al individuo ser bueno.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Orgullosa Sodoma



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La fe, reducida a sistema, provee de seguridades, eso sí, al precio de pasar por alto la realidad, dejarla a un lado. Incluso travestida en sistema, la fe, el dogma, conserva siempre la posibilidad de convertirse para cada uno en amistad con Jesús. En cualquier caso, la amistad con Jesús, la fe auténtica, tiene la virtud de conducirnos en una precariedad arriesgada que, sin embargo, se hace cargo de la realidad. Como el samaritano aquél se hizo cargo del hombre apaleado en medio del gran camino, sin poner su acción al servicio de ningún proyecto. Curiosamente, lo que hicieron el sacerdote y el levita, antes aún que no hacerse cargo, que no ser prójimos de aquel desgraciado, fue hacerlo invisible, negarlo, declarar que no existía: lo vieron y dieron un rodeo. Dar un rodeo equivale a esquivar la realidad, negarla para poder afirmar un proyecto, un sistema.

miércoles, 15 de febrero de 2017

La conspiración de la amistad



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Este cuaderno virtual –sorprendentemente– tiene un puñado de receptores. Los indiscretos artefactos que contabilizan las visitas y los que informan del número de suscriptores, permiten sospecharlo, sin certeza, claro está. Lo cierto es que las escasas anotaciones de esta libreta alcanzan a un pequeño manojo de destinatarios. Ignoro cuántos de ellos se toman la molestia de leer lo que aquí anoto. De hecho, salvo una porción todavía mucho menor de amigos y de conocidos, lo ignoro todo acerca de quienes reciben los mensajes en esta botella a la deriva de la red. Es algo muy anómalo que está en la raíz misma del arte de la escritura. Lo escrito, una vez que se abandona a su suerte, se convierte en un objeto sin un fin preciso, autónomo. Pero la paradoja es que quien escribe esto quiere comunicar, pero sobre todo quiere comunicarse. Y eso, mediante un escrito, sólo se puede hacer de un modo necesariamente imperfecto, truncado, frustrante. Ese drama se vuelve hoy todavía más agudo, porque la evolución de la civilización nos ha llevado a un punto de un individualismo desconocido hasta ahora. 

martes, 7 de febrero de 2017

La misericordia de Dios es doble


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Entre los personajes del drama de la Reforma protestante, Johann von Staupitz (1460-1524) desempeñó un papel muy significativo por su condición de híbrido, de impuro. Al menos, así resulta en lectura retrospectiva tanto desde el mundo protestante como desde el católico. Lutero, que reconocía sin ambages la deuda intelectual, afectiva[1] y espiritual[2] que tenía con su maestro y antiguo superior agustino, no sobrellevó con paciencia la negativa de von Staupitz a secundar su revuelta y no escatimó duros calificativos para aquél que, hasta el último momento, se mostraba orgulloso de la amistad con su antiguo discípulo y evocaba su intimidad con él que, como Jonatán para David, era «amabilis super amorem mulierum» (Vulg. 2 Sam. 1, 26)[3].

lunes, 30 de enero de 2017

Seamos sobrios


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El presbítero toletano don Francisco José Delgado se toma la molestia de refutar mi artículo publicado en Alfa y Omega en su número del 26 de enero de 2017. Resulta que mi artículo sería, para don Francisco José, emblemático de varios errores que incluye en la estirpe de la egregia categoría de una “escolástica decadente” o al menos llevaría ese regusto. Vaya por delante que resulta un poco áspero que a uno le adscriban a una corriente a la que no cree pertenecer, pero si además se trata de su variante desportillada, la cosa es más desabrida aún.

lunes, 23 de enero de 2017

El tesoro de la Iglesia puede dar sorpresas


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“Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad”. Si alguna vez Aristóteles pronunció esta frase, poco importa. Se non è vero, è ben trovato. Es una sentencia irisada, digna de meditación. A veces, uno se encuentra en una situación en la que adivina las razones (de la razón o del corazón) que mueven a los próximos y, a pesar de ello, tiene que perseguir una pista diferente. Eso es lo que me sucede hoy con tantos amigos que se sienten confundidos en relación a la disciplina que introduce la exhortación apostólica Amoris lætitia y que conciben sombríos vaticinios sobre la suerte de la Iglesia. Con tono cordial –mi historia de excesos es mi mejor maestra– me atrevo a brindar aquí lo que ya he compartido en otros ámbitos y con otros amigos. Porque también conmigo lo han compartido y creo que es mi deber contribuir a apaciguar los ánimos entre los cristianos.