sábado, 12 de enero de 2013

Ideal y alabanza de la familia numerosa


Ocho niñas y un niño. Ella sonríe, el tipo está serio.

La familia numerosa es y será siempre el ideal de los matrimonios, supremamente de los matrimonios cristianos. Esto ya no se puede dar por descontado en la mente de nuestros contemporáneos. Como es lógico, la mentalidad anticonceptiva se manifiesta antes que en la ejecución en la intención: antes que en el impedimento de la venida de más hijos en el abandono y el desprecio del ideal de la familia numerosa. Ya no se entiende que es algo mejor y por ende no se aspira a ello.
Luego abordaré ese abandono, que es una prevaricación en sí mismo, pero antes es necesario introducir una aclaración en cuanto a la recta comprensión de ese ideal. La idealidad de la familia numerosa es de tipo objetivo, es decir, de un plano que nada tiene que ver con las posibilidades concretas de su ejecución. Si un matrimonio es estéril y no puede procrear, la familia numerosa seguirá siendo su ideal con independencia de sus aptitudes. Eso significa que junto con el ideal objetivo existe otro ideal subjetivo, para cada familia. No es que uno sea más verdadero que el otro. Ambos son verdaderos, uno en el orden universal y otro en el particular. El uno no neutraliza al otro y ambos tienen su propia vigencia. Podríamos distinguirlos así: el ideal de la familia numerosa es un ideal psicológico-social invariable y el ideal de la familia concreta, fundado en la prudencia, es un ideal moral y se ajusta a cada caso. Desarrollemos esta idea.