martes, 8 de enero de 2013

Un error sobre los métodos naturales

Famiglia-numerosa
La cuestión, en el fondo, sigue siendo la misma, con o sin métodos naturales
 

“Los métodos naturales de la regulación de nacimientos son morales. La diferencia entre métodos artificiales y naturales en la planificación familiar es que en aquellos se utilizan medios físicos (el preservativo, el abortivo DIU), químicos (espermicidas), u hormonales (píldoras) para frustrar la concepción. En cambio los métodos naturales se limitan a elegir los días infecundos, en lo cual no hay nada inmoral”.

P. Jorge Loring, S.J.


Los “métodos naturales” de regulación de los nacimientos –en tanto que medios, plenamente lícitos– han contribuido, de facto, a generar una ramificación “católica” de la mentalidad anticonceptiva. No sin culpa de los especialistas, que se han dedicado a presentarlos como una alternativa a los métodos artificiales. Como decía Santo Tomás, “los contrarios pertenecen al mismo género”.
Esa contraposición con los métodos artificiales (la difusión del más famoso de los métodos naturales, el Billings, coincidió con la de “la píldora” y de la Humanae vitae) ha influido de forma muy negativa en la comprensión del valor de esos métodos y de su significación moral: se ha puesto un énfasis tan desproporcionado en el mismo método que en muchas ocasiones ha terminado por hacer perder su sentido de medio y se han convertido en criterio de conducta. En el fondo, al leerse dentro de esa contraposición, se han entendido muchas veces como una forma católica de alcanzar fines semejantes a los anticonceptivos artificiales.
La cita del P. Loring que encabeza este artículo es representativa de esa distorsión y en última instancia de la falta de comprensión del verdadero y limitado sentido de estas metodologías. En ese galimatías se hace una valoración moral absoluta de los métodos naturales: “son morales”, e inmediatamente se los contrapone a los “artificiales”, para acabar concluyendo: “en cambio, los métodos naturales se limitan a elegir los días infecundos, en lo cual no hay nada inmoral”. Mejor sería decir que no hay nada inmoral en esa elección… si la decisión a cuyo servicio se ponen esos medios es moralmente recta, aspecto que ha quedado completamente implícito en toda la exposición del jesuita. Se advierte el aroma de los sistemas de moralidad y de las clericales recetas morales. Lo cierto es que esta extrema simplificación es entendida por muchos, no sin razón, como una radical modificación del criterio moral para los actos conyugales.