lunes, 6 de febrero de 2012

Comprender o morir



Propagación y contagio –institucionalizado– de la lógica anticonceptiva (insertada, por ejemplo, como parte de la función orientativa de las comadronas: la “planificación” familiar y la difusión de los métodos anticonceptivos, aborto incluido); imposición de una instrucción materialista por vía de currículo obligatorio en todas las etapas educativas (animalismo sexual, ateísmo, concepción laicista de la vida social, perpetuación del desprecio revolucionario contra la religión); leyes despenalizadoras o aprobadoras del aborto provocado, con el consiguiente efecto socialmente propositivo y corruptor en ambos casos; difusión de una concepción “positivista” del matrimonio (que ya no se comprende como una institución natural y basilar para la vida social, por lo se convierte en algo meramente convencional, lo cual queda patente en la “normalización” y aceptación del hecho social de los segundos y posteriores “casamientos” civiles, pero también igualmente en un tratamiento irresponsable de las infidelidades matrimoniales por parte de los medios de comunicación y de entretenimiento); destrucción de la autoridad paterno-materna por vías de leyes “protectoras de la infancia” que criminalizan todo recurso a la fuerza en la educación (instrumento que, prudencialmente, ha sido siempre considerado parte integrante de la educación, como lo atestiguan las Sagradas Escrituras); destrucción de la autoridad marital por vías de leyes “de igualdad” (que, abiertamente, consideran la familia como un ámbito de peligrosidad para la mujer y para los hijos: es decir, un ámbito de cohabitación con un ser potencialmente peligroso para ellos, que es el padre-marido); prohibición penal de manifestar que hay un orden natural de la sexualidad al margen del cual lo que existe es infinidad de desórdenes en una diabólica gradación hasta llegar a los pecados que claman al cielo...