Soy carlista y, como tal, en materia política juzgo en función de los principios del derecho natural y del derecho público cristiano, de nuestras tradiciones, de la legitimidad. Pocas dudas, pues, respecto a qué hacer en los “comicios” que se celebran aquí, en la vieja España, con el elevado fin de asignar ocupantes para las poltronas de esos remedos de cortes que padecemos. Nada diré de los que nada quieren entender y se dejaron la vergüenza en algún recodo (o se la comió el burro), los que, nuevamente, nos han venido con la monserga de que hay que votar a la llamada derecha si no queremos que… Con parecidos argumentos Satanás nos reprocharía no arrimar el hombro cuando él se afana tanto...
Lo que hoy quiero decir es que ese día votivo o votante procuraré (D.m.) santificar el domingo y dedicarme a cualquier actividad, menos a visitar un colegio público. Me abstendré, seré abstinente, pero no seré abstencionista. Me abstendré, que es un dato de hecho, una obligación dadas las circunstancias, pero no un programa, ni una declaración, ni una coartada para no hacer nada.
Eso es lo que quiero compartir con aquellos que, como yo, comprenden que lamentablemente, tampoco en esta ocasión tendremos la oportunidad de hacer. No me refiero a estas elecciones, sino a un nuevo día sin haber propuesto, sin haber aclarado lo suficiente, sin habernos organizado, sin haber estado a la altura de unas exigencias mucho más reales y apremiantes que lo que nuestro dilettantismo sugeriría. Pero me abstendré sin petulancia alguna, con dolor, pues aunque ya sabemos que a estas citas sólo hay que acudir, dado el caso, con muchísimas reservas y no sin vencer la repugnancia, no podemos ignorar que, de hecho, hoy son el mecanismo de designación de la potestad civil. Sí, la usurpadora, sí, pero potestad real, actuante y no imaginada, potestad que corta el bacalao, recauda tributos, legifera y dirige el tráfico. De hecho, todos nosotros, también los que nos abstendremos meditada y premeditadamente, por insuperables razones, incluso la porción de los que no tenemos aparato de televisión, nos las apañaremos para seguir los resultados de ese festín ajeno. ¿Por qué? ¿No será eso acaso un tácito reconocimiento de nuestra hipocresía, de una deserción? Ni mucho menos: lo haremos porque la política –de hecho y de derecho–, aun esta bastardeada política, es sólo una, y políticos lo somos por una exigencia de nuestra naturaleza, por una inclinación irreprimible y nobilísima, por eso nos interesaremos, porque ilegítima y todo, nos afecta en el entresijo. Más aún, desentenderse de esos datos parecería muestra de ese raquítico abstencionismo que fácilmente puede anidar en nuestra viril abstinencia, hasta suplantarla.
No podemos y no queremos abstenernos de hacer política. Haremos, sí, la que podamos, toda la que podamos. Quiera Dios que ese límite nos venga impuesto por los enemigos, mientras tengan vara alta y que nosotros tengamos las manos ocupadas en la faena. Quiera también que el enemigo pujante no sea nunca excusa para encubrir que el íntimo límite de nuestra inoperancia es fruto de nuestra desidia, de nuestro abandono, de nuestra renuncia.
Abstinentes, siempre que sea necesario, como pasado mañana. Abstencionistas, jamás.
José Antonio Ullate Fabo
[Abstencionista: adj. partidario de la abstención, especialmente en política].
[Post scriptum: Leo hoy el artículo anónimo que aparece en carlismo.es, que lleva por título "El abstencionismo militante de la Comunión Tradicionalista". Para evitar malentendidos diré que, a pesar del anfibológico título, el artículo contiene un análisis perspicaz -con el que estoy de acuerdo- sobre el actual régimen. En realidad estos dos artículos -el mío y el anónimo- tratan sobre materias muy diferentes. En esta ocasión yo no reflexiono sino tangencialmente sobre el satrapismo. Lo que me ocupa es nuestra tarea, y por ello nuestras dificultades, nuestras tentaciones. En tal contexto el abstencionismo no es sino un absentismo. 19-XI-11].
[Post scriptum: Leo hoy el artículo anónimo que aparece en carlismo.es, que lleva por título "El abstencionismo militante de la Comunión Tradicionalista". Para evitar malentendidos diré que, a pesar del anfibológico título, el artículo contiene un análisis perspicaz -con el que estoy de acuerdo- sobre el actual régimen. En realidad estos dos artículos -el mío y el anónimo- tratan sobre materias muy diferentes. En esta ocasión yo no reflexiono sino tangencialmente sobre el satrapismo. Lo que me ocupa es nuestra tarea, y por ello nuestras dificultades, nuestras tentaciones. En tal contexto el abstencionismo no es sino un absentismo. 19-XI-11].

7 comentarios:
Vengo descubriendo de un tiempo a esta parte... que soy carlista. Vagamente aún, pero la imagen borrosa, sin dejar de serlo, cada vez irradia con mayor fuerza. Intuía yo que en alguna parte habrían de quedar hombres decentes.
Gracias a Dios.
+No lo deje, señor párvulo, no lo deje. Con la ayuda de Dios, esa imagen borrosa irá perfilándose y entonces, como aquel viejo Zolli, se dará usted cuenta de que no ha abrazado nada, no ha ingresado en nada: sencillamente ha seguido la pista hasta toparse con su vieja casa paterna. Todo lo demás, sobre todo las dificultades, es cosa menor, que vendrá tambié sola. Le animo y me alegro con usted.
Aquí me tiene, hermano, para lo que sea menester. Abrazo enorme.
Un abrazo señor brigante. Más adelante le contaré cosas.
Estimado amigo, tan solo quería felicitarle por esta fantástica bitácora suya. Me ha supuesto una enorme alegría encontrar algo tan enriquecedor e interesante.
Un saludo afectuoso.
+ Amigo Gervasio, gracias a usted. Disculpe la tardanza en subir el comentario y en responder. Estoy unos días de visita en Sonora (¡América, mi ventura!) y con poco tiempo. Aquí tiene un cofrade.
Querido brigante, he estado escuchando un sermón del jesuita argentino Leonardo Castellani, sobre la cuestión social, donde el cura dice que los gobiernos no deben ocuparse en nada, de la economía.
Me gustaría escuchar su opinión al respecto.
http://www.youtube.com/watch?v=XpJxcDAe8tI&feature=related
Cordiales saludos
Santiago
+ Santiago, sigo de viaje. En cuanto me sea posible escucharé el sermón y hablamos. Gracias por la sugerencia. Abrazo.
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