miércoles, 24 de noviembre de 2010

Opinión errónea que desvía de los problemas esenciales

Hace más de cincuenta años, Madiran hablaba de “la ignorancia de los que saben”, de la que decía “que desvía el espíritu de los verdaderos y esenciales problemas en beneficio de problemas secundarios o de falsos problemas”.
Tras el alboroto de las declaraciones de Benedicto XVI sobre el uso del condón en “uno u otro caso”, cuando pueda resultar “un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida de forma diferente, hacia una sexualidad más humana”, muchos pretenden pasar página lo antes posible. Pasar página sin salir de la perplejidad generada, sin aclarar nada, sencillamente porque es necesario “pasar página”. Es un nuevo pragmatismo que congela el alma.
Ayer expuse por qué la opinión expuesta por BXVI es errónea. La materia es grave, muy grave.
Dejemos a un lado especulaciones de intención. Aparte de generar la confusión y de abrir la puerta a caminos sin salida moral, a sus palabras se les puede aplicar la etiqueta de Madiran, pues han logrado que en lugar de salir al encuentro de lo oscuro partiendo de lo que ya teníamos claro, hagamos el camino al revés: comencemos por deliberar sobre lo oscuro con el resultado de que lo claro quede ensombrecido. Con el resultado de sumir todo en la confusión y en la duda.
Vemos así cómo muchos se entregan a discutir si Benedicto dijo que el uso del artefacto estaba “justificado” o tan sólo “fundamentado”; otros explican que lo que quería decir es que en determinados casos el recurso al condón era admisible, aunque siga siendo inmoral o bien focalizan su atención sobre el eventual resultado benéfico en el orden físico (la evitación de una enfermedad) y se admiran de que alguien pueda obviar moralmente semejante dato. Otros se figuran que en realidad aquellas palabras se referían a la ignorancia invencible de las prostitutas y así hasta el aquelarre total. Porque nada de eso cuenta. Al menos, nada de eso valdría nada más que lo que valdría tocar una bella tarantela mientras sucumbimos en un colosal incendio.
Lo que haría falta es detenerse, sobreponerse al nerviosismo general y advertir que lo que se ha producido es que “el espíritu se desvía de los verdaderos y esenciales problemas en beneficio de problemas secundarios o de falsos problemas”.
El condón, en su materialidad, no constituye un mal, ni un desorden. Cabría imaginarle usos legítimos y hemos leído de algunos, como el de los soldados que protegen sus fusiles de la humedad o de la arena tapándoles la boca con uno de esos aparejos. El ejemplo no tiene mayor pretensión que la de señalar el carácter “parasitario”, “subordinado”, moralmente hablando, del artilugio.
Así pues, decíamos ayer que todos, pero todos todos, los eventuales casos en los que se pretende “admitir”, “aceptar”, “fundamentar”, “tolerar” o “legitimar” su uso, son gravemente desordenados. No sólo: todos son contrarios a la naturaleza humana, ya sea por sí mismos o a causa del uso del dichoso látex. Pero hete aquí, que lo que se pone entre paréntesis es precisamente el problema fundamental: no estamos hablando de una vaga “sexualidad menos humana”, que dicho así no suena más grave que un ligero déficit, un flojo rendimiento o una travesura, bribonada o picardía merecedora de bonachona reconvención. Nos estamos refiriendo, por extendidas que estén, a espantosas perversiones del fin humano, a una degradación por debajo de lo animal y, lo que es más grave, a lacerantes ofensas al corazón de Dios que resultan en la muerte del alma.
No sé si me explico. Es un sarcasmo que nos dediquemos a deshojar margaritas de humo, olvidando, poniendo en sordina, que de lo que en realidad estamos hablando es de asuntos de una trascendencia y de una seriedad de vida o muerte… del alma.
Hagamos un alto en nuestras cavilaciones condoníferas y pensemos si con ellas no habremos perdido la esencia de la cuestión. Pensemos si con tales disquisiciones frívolas, nuestro espíritu no se habrá “desviado de los verdaderos y esenciales problemas en beneficio de problemas secundarios o de falsos problemas”. 

El Brigante 

[Nota para los suscriptores y para quienes leyeron la entrada de ayer en la primera mitad del día. Un amable comentarista me señaló una errata que hacía ininteligible un párrafo. En la frase que comenzaba "Los actos venéreos con cómplice del mismo sexo, en sí mismos siempre gravemente ilícitos (mortalmente), se convierten en contra natur", evidentemente debía decir "cómplice de distinto sexo" para que tuviera sentido y fuera verdadera. El texto de la entrada ya figura corregido en la bitácora. Disculpen la confusión que haya podido generar].

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias, brigante, por poner un poco de luz en todo este caos. Un perjudicado

Anónimo dijo...

Pues si el Papa se equivoca tan radicalmente -de raíz- en un tema de ley natural, dudo que sea propiamente Papa.

Filaletes dijo...

Otra vez tengo que darle la razón. Es muy llamativo que nos hemos lanzado a discutir cosas secundarias con pasión y hemos perdido el oremus.Gracias de nuevo. Sigamos rezando. ¡Venga a nosotros Tu reino!

Mario . Colombia dijo...

Al respetado blogger le sugiero que analice un poco más en concreto la responsabilidad de Benedicto por este tremendo sancocho.

Anónimo dijo...

Bueno, yo no veo ningún "falso problema".

Veo una respuesta concreta del Papa sobre una pregunta, en la que distingue entre el fin anticonceptivo y el fin profiláctico del condón.

Otra cosa es que la forma de llevar este asunto ha sido a todas luces imprudente y demencial por parte de los propios encargados de administrarlo.

Esteban Falcionelli dijo...

Amigo:

Ya solucionado el error en su artìculo anterior, no me quedò otra opsiòn que publicar, lo que creo es la segunda parte, por cierto que de lectura obligatoria.

Mil gracias y saludos en Cristo.

el brigante dijo...

+

Gracias a todos. No soy ni siquiera pariente lejano del oráculo de Delfos y, además, mis energías son escasas. Si me meto en estos fregados no es por gusto, sino porque creo que es un deber de conciencia. Gracias por vuestra fidelidad.
Oremus ad ínvicem!

el brigante dijo...

+
Estimado anónimo (entre Mario y Esteban, a quien saludo afectuosamente), yo también distingo entre el fin anticonceptivo y el fin profiláctico del condón.
El falso problema consiste en obviar el valor moral del acto o de la acumulación de actos desordenados indisociables del uso (profiláctico o anticonceptivo) del condón.
Fijarse en el “fin profiláctico” y pretender otorgarle una valoración moral distinta y positiva, en el grado que sea (hemos leído por ahí hablar de “comienzo de moralización”, “chispa inicial de moralidad” y cosas semejantes que pueden pertenecer a la poesía, a la psicología clínica o a la literatura, pero no a la ciencia moral y que son lo suficientemente imprecisas como para, de nuevo, ocultar el verdadero problema de la aberración moral indisociable de esos actos).
Lo que no veo yo es la dificultad para comprender que el uso del condón forma parte de un solo acto complejo o de un grupo de actos complejos que son graves inmoralidades. Eso, por una parte.

Por la otra, la distinción a la que usted apela parece que nos sitúa en un acto de doble efecto. Pero sólo lo parece. Veamos si se cumplen los requisitos de esta figura moral:
·El objeto que perseguimos con el acto ha de ser bueno: el objeto no es bueno, porque es la profilaxis de un acto gravemente desordenado, no sólo la profilaxis in abstracto.
·-La intención del subjetiva debe ser buena y rechazar el efecto malo que se seguirá de la acción, aunque lo tolere: aunque por error la intención fuera buena, el acto perverso (onanismo o sodomía) no es un efecto de la acción, sino la acción misma contemplada en toda su integridad (es decir: condón + acto lujurioso).
·-La acción debe ser en sí buena o indiferente, de lo contrario incurriríamos en el uso de medios malos justificados por un fin bueno: lo que puede ser indiferente es el artefacto en su materialidad, pero el uso del artefacto como auxiliar de una cópula, es indisociable del valor del acto completo, por lo que todo uso “bajo prospecto” del condón significa una acción formalmente perversa.
·-Razón grave proporcionada: ¿? (esto está ligado con una condición antecedente: que no haya otros medios fácilmente utilizables –proporcionados- para obtener el mismo fin y que no presenten problemas morales. En este caso, y ésa es la madre del cordero, el medio más fácil, proporcionado y moral alternativo al uso del condón como profiláctico es la abstinencia. Lo cual elimina del uso del condón todo horizonte remoto de moralidad, de chispa de moralidad, de inicio de moralidad).
Que podamos distinguir varios aspectos en una realidad no necesariamente significa que podamos separarlos.

Reciba mis más cordiales saludos