Los manuscritos iluminados son más hermosos que los libros del siglo dieciséis, y estos, imprimidos sobre prensas manuales, son infinitamente más bellos que todo lo que la imprenta mecánica ha producido después, hasta –e incluidos– nuestros libros de bolsillo, de los que en cinco minutos se tiran centenares de miles de ejemplares. Se han escrito, proporcionalmente, más obras maestras, y las más grandes, a la luz de las candelas, con plumas de ganso, que a la luz eléctrica y con bolígrafos.Viajábamos más inteligentemente a pie que como lo hacemos en coche y por ferrocarril más que en avión. De la Odisea de Homero al Itinerario de Chateaubriand, y de los Viajes de Julio Verne a nuestro turismo industrial, la pérdida es continua y perceptible.
Las catedrales se construían con las manos; los rascacielos, con máquinas.
Y así con todo.
En todos los géneros de creación, cuanto más mejoran los medios, más se degradan los fines.
La culpa no es de los medios, sino del hombre, que no se resiste a la tentación de la mediocridad cuando los progresos de la técnica le producen un engaño sobre la dificultad de la obra.
Como no podemos cambiar al hombre, el único remedio será quitarle de las manos los instrumentos de trabajo que imagina capaces de trabajar en su lugar.
Alexis Curvers
Revista Itinéraires n°212 (mars 1977), pages 110-111

3 comentarios:
lo paso en partes porque me lo rechazó..
Lo que resulta peculiar sobre esta interposición de los medios es que su rol de dirigir lo que vamos a ver o conocer raramente es advertido. Una persona que lee un libro o mira televisión u ojea su reloj no está usualmente interesada en cómo su mente es organizada o controlada por estos eventos, y menos aun en qué idea del mundo es sugerida por un libro, la televisión o un reloj. Pero hay hombres y mujeres que se han dado cuenta de estas cosas, especialmente en nuestros días. Lewis Mumford, por ejemplo, ha sido uno de nuestros grandes observadores. No es el tipo de hombre que mira un reloj meramente para ver qué hora es. No es que no le interese el contenido de los relojs, lo cual concierne a todos de momento a momento, sino que está mucho más interesado en cómo un reloj crea la idea de “momento a momento”.
Mumford centra su atención en la filosofía de los relojs, en los relojes como metáforas, sobre lo cual nuestra educación tiene poco que decir y los fabricantes de relojes nada en absoluto. “El Reloj”, Mumford ha concluido, “es una maquinaria poderosa cuyo producto son los segundos y minutos”. Fabricando tal producto, el reloj tiene el efecto de disociar el tiempo de los eventos humanos y ello conduce a la creencia de un mundo independiente de secuencias mensurables matemáticamente. Momento a momento, salta a la vista, no es la concepción de Dios, ni de la naturaleza. Es el hombre conversando consigo mismo sobre y a través de una máquina creada por él.
En el gran libro de Mumford, Técnica y Civilización, muestra cómo, comenzando en el siglo XIV, el reloj nos convierte en responsables del tiempo, luego en conservadores del tiempo y hoy en día en servidores del tiempo.
En dicho proceso, hemos aprendido a profesar irreverencia hacia el sol y las estaciones. En un mundo hecho de segundos y minutos, la autoridad de la naturaleza es superada. Ciertamente, como Mumford señala, con la invención del reloj, la eternidad cesó en su rol de medida y foco de los eventos humanos. Y por ello, aun cuando pocos hayan podido imaginar la conexión, el inexorable tic tac de un reloj quizás haya tenido más que ver con el debilitamiento de la supremacía de Dios que todos los tratados producidos por los filósofos del iluminismo; lo que es decir, que el reloj introdujo una nueva forma de conversación entre el hombre y Dios, en la cual Dios aparece como el perdedor. Quizás Moisés debió haber incluido otro mandamiento adicional: No harás representaciones mecánicas del tiempo.
(Neil Postman, Amusing ourselves to death)
W
Luys Santa Marina
Los que hicieron a diario cosas propias de arcángeles,
los niños hechos hombres de un estirón de pólvora,
los que con recias botas la vieja piel de toro
trillaron, en los ojos quimeras y romances,
¿adonde están ahora? -decidme- ¿que se hicieron?
Pocos años bastaron para enfriar sus almas,
aquel sueño glorioso creen que no vivieron,
no yerguen las cabezas ni les brillan los ojos
al mirar como pasan sus marchitas banderas.
¿Adonde están ahora? -decidme- ¿que se hicieron?
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