lunes, 1 de noviembre de 2010

El exceso de medios obstaculiza el logro del fin

Para cada necesidad creamos un artefacto y nuestra vida se convierte cada vez en más fácil. He aquí la paradoja: el exceso de medios hace cada vez más difícil conseguir nuestros fines y hasta planteárselos. Si tengo cuatro sombreros es más probable que me vea saliendo de casa descubierto que si sólo tengo uno. Si tengo tres despertadores, puede que cada noche no sepa dónde encontrarlos, pero si tengo uno, siempre estará a la cabecera de mi cama. Somos de carne y hueso: si no experimento la privación frecuente –si la meta de la vida es erradicar la privación– ni sueño con resistir la más leve tentación. Contra Dios, contra mis prójimos, contra mí mismo. Sin el recordatorio de la abstención decaigo, incapaz de cortejar, tenaz, a la verdad.
La técnica hipertrófica se anticipa incluso a nuestras necesidades y toma la iniciativa: suscita necesidades a la medida exacta de lo que ofrece y las va ampliando al paso riguroso con que pone en circulación sus avances.
El resultado es la insularidad moral y psicológica creciente.
El hombre, el joven, el anciano, no se plantea una vida con fines prácticos más altos: desconoce incluso la admiración ante el heroísmo, no digamos su realización, no digamos el fin último, la dedicación total a la gloria de Dios. Puede pensar frívolamente en ello, de vez en cuando, pero no puede tomarlo en serio. Bastante tiene con controlar todos los aparatos: de entretenimiento, de trabajo, de seguridad, de descanso.
La técnica llama a la puerta ofreciendo solucionar problemas y sin darte cuenta se pone a dirigirte la vida, a darte órdenes.
Cuanta más molicie, menos se buscan la verdad y la amistad y menos aún la amistad exigente: más se asuela la conciencia y la vida espiritual.
Junto a todos los alicientes y consuelos de esta existencia es imprescindible la privación y la renuncia para seguir siendo humanos: y para llegar más lejos. Cuando no nos vienen impuestas por la vida, hay que salir al paso de esas renuncias e imponerse su yugo voluntariamente. ¿Cabe pensar algo más extraño a nuestra molicie?
Una de las razones, de las muchas razones, de nuestra postración y decadencia, de nuestra pestilencia moral, está en ese sofocamiento que proviene del exceso de medios.
Para educar a nuestros hijos hay que empezar por el áspero aprendizaje de uno mismo: abrazar la renunciación consciente y deliberadamente, para imponerla a nuestros vástagos como el mejor y más preciado regalo. Así haremos nuestra vida más humana y nuestra inteligencia más dispuesta a las verdades más altas.

El Brigante

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Plenamente de acuerdo. Aplicado a los medios de comunicación e información es escalofriante la conclusión. La profusión de medios es un obstáculo insalvable para conocer la Verdad.
W.

Don Hervé Belmont dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Don Hervé Belmont dijo...

En todos los géneros de creación, cuanto más los medios mejoran, más se degradan los fines.

Les manuscrits enluminés sont plus beaux que les livres du seizième siècle, qui eux-mêmes, imprimés sur des presses à bras, sont infiniment plus beaux que tout ce que l’imprimerie mécanique a produit depuis, jusques et y compris nos livres de poche, tirés en cinq minutes à des centaines de milliers d’exemplaires.
On a écrit proportionnellement plus de chefs-d’œuvre, et de plus grands, aux chandelles avec des plumes d’oie, qu’à la lumière électrique avec des stylos à bille.
On voyageait plus intelligemment à pied qu’on ne fait en voiture, et par chemin de fer qu’en avion. De l’Odyssée d’Homère à l’Itinéraire de Chateaubriand, et des Voyages de Jules Verne à notre tourisme industriel, la perte est continue et sensible.
Les cathédrales se construisaient à la main ; les buildings, à la machine.
Et ainsi du reste. Dans tous les genres de création, plus les moyens se perfectionnent, plus se dégradent les fins.
La faute n’en est pas aux moyens mais à l’homme, qui ne résiste pas à la tentation de médiocrité quand les progrès de la technique lui font illusion sur la difficulté de l’ouvrage. Comme on ne peut changer l’homme, le seul remède sera de lui ôter des mains les instruments de travail qu’il imagine capables de travailler à sa place.

Alexis Curvers, Itinéraires n°212 (mars 1977), pages 110-111

Idem dijo...

Traducción con la ayuda de Reverso

Los manuscritos iluminados son más hermosos que los libros del decimosexto siglo, que mismos, imprimidos sobre prensas brazo, infinitamente es más hermoso que todo lo que la imprenta mecánica produjo después, jusques e incluido nuestros libros de bolsillo, editados en cinco minutos a centenas de millares de ejemplares.

Escribimos proporcionalmente más obras maestras, y de más grandes, a las candelas con plumas de ganso, que a la luz eléctrica con bolígrafos.

Viajábamos más inteligentemente a pie que hacemos en coche, y por ferrocarril sólo en avión. De la Odisea de Homère al Itinerario de Chateaubriand, y Viajes de Julio Verne a nuestro turismo industrial, la pérdida es continua y sensible.

Las catedrales se construían en la mano; los rascacielos, a la máquina.

Y tan además. En todos los géneros de creación, cuanto más los medios mejoran, más se degradan los fines.

La culpa no está de allí a los medios sino al hombre, que no resiste a la tentación de mediocridad cuando los progresos de la técnica le dan el pego sobre la dificultad de la obra. Así como no se puede cambiar al hombre, el solo remedio será quitarle manos los instrumentos de trabajo que imagina capaces de trabajar en su lugar.

el brigante dijo...

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Gracias W y gracias mil, don Hervé, por un comentario que es una magnífica entrada por sí mismo.

el brigante dijo...

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De hecho, acabo de convertir su comentario en la siguiente entrada.