miércoles, 30 de junio de 2010

Algo así como una apología

Como anuncié ayer, hoy pido disculpas. Por seis meses de silencio. Un mutismo que no pretendo explicar porque, ¿cómo se explica una callada? ¿Cómo se pone en cuatro líneas, o en cuarenta, el parte meteorológico del alma, la minuta de seis meses de esa singular dolencia que consiste en ver las creencias de uno como zarandeadas por un viento que lo mismo las recoge en un remolino que luego las esparce por la plaza como el juego del vendaval con las hojas secas de la calle? ¿Cómo se explica que eso sucedió sin poner en duda esas creencias, que no fue una ceguera sino un vértigo y un temblor?
Cuando El Brigante echó a andar, los tres o cuatro amigos que en un principio aceptaron confabularse para la humilde aventura sabían que era un proyecto con fecha de caducidad: 9 meses. Era un experimento para espolear conciencias, sin otro propósito ni fin. Luego, desde el comienzo, las cosas se fueron de las manos. Alguno de los conjurados se descolgó de la correría antes aún de que El Brigante viera la luz primera. Y como desde el primer instante quedó claro que era cosa instigada por mi testarudez navarra y que ninguno de los concitados se obligaba a ninguna regularidad, pues la cosa fue derrotando en andanza solitaria, en la empresa de este escudero andante, y por lo mismo sujeta a las fluctuaciones de mi desportillada existencia.
Los últimos meses de actividad brigante ya asomaba el morbo que al final logró detenerlo hasta ayer mismo. En aquellas semanas me limité, por lo general, a recoger citas sugerentes y a publicar alguna colaboración de amigos generosos.
Lo curioso es que me detuve, más o menos, en el momento en que habíamos pensado poner fin al ensayo. Pero no fue de propósito. Se disipó la tranquilidad necesaria para marcar un rumbo, eso es todo. De modo que ni hubo despedida, ni balance, ni explicación de ningún tipo. Sólo la espera de algunos amigos que seguían brindando al Brigante su liberal (hermosa palabra que no nos arrebatará la revolución) fidelidad.
Por eso, aunque las aguas no han vuelto aún a su cauce, El Brigante vuelve a la carga. Con menos pretensiones todavía y con el mismo atrevimiento. Tiempo habrá, si está de Dios, de ver si enderezamos en proyecto en otra cosa. Por ahora, seguiremos, de cuando en vez, sin regularidad, bajando al ruedo de la defensa de la fe y de las consecuencias de la fe, conscientes de que los padecimientos que nos afligen no deben de diferir mucho de los que turban la paz de nuestros cofrades.
Se acerca la aguja a la raya de las doce y prometí escribir mi apología hoy mismo. No hay tiempo para más, si no quiero faltar nada más reanudar. Hasta la próxima escaramuza, quién sabe si mañana o en unos días.
Gracias por vuestra paciencia, por vuestra amistad.

El Brigante

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado amigo,
Mucho me alegra tu vuelta.
Me he enterado de tu reciente exposición en Madrid, a la que asistieron algunos amigos y maestros rioplatenses.
Me hubiera gustado estar allí y compartir luego unos vinos.
No faltará ocasión, si Dios quiere.
Un abrazo,
Germán Rocca.

Anónimo dijo...

Una alegria que este Brigante vuelva a la carga.
Abrazo fraterno
José Barco

Astigarraga dijo...

Qué diantres... ¡Eres un caballero andante!
Gracias por volver, y revolver conciencias

el brigante dijo...

+
Gracias cofrades, es una alegría reencontraros aquí. Cuento con vuestra ayuda para sacar esto adelante.

Un fuerte abrazo
P.S. Germán, seguro que no falta la ocasión. Haremos por ello. Con Pepe y Astigarraga sí que pude, al menos abrazarlos en aquella ocasión.
Que sea pronto.

Anónimo dijo...

Saludos brigante, y bien venido otra vez a mi bandeja de entrada! :) ya hacia falta. Me agrada sobre todo, lo que expresa sobre seguir defendiendo a la fe y las consecuencias de la fe, es por eso que te leeo.

Esteban Falcionelli dijo...

Bienvenido nuevamente estimado Brigante; y mis deseos a continuar batallando contra el Maligno.