Leo con atención las argumentaciones de Nicolás Martín Bayliss en esta bitácora, acerca de la razón y la fe, esas dos hermanas que para algunos, no para él, siempre andan a la greña.Toda la disquisición, en la humilde opinión de quien escribe estas líneas, tiene que ver con un fenómeno del pensamiento de la Ilustración, que, al aproximar la Filosofía a la Antropología dejó “huérfano” de su entorno al ser humano. Así, al decir que el hombre sólo ha de guiarse por su razón, se cae en el relativismo, apartándolo de la fe, que luego fue además entendida como alienación (lógico, pues, que si se disocia al hombre de la fe, ésta acabe por aparecer ajena al mismo y hasta invasiva de su libertad, entendida según el modo que hemos indicado).
Desde ese punto de vista no es de extrañar que los errores dieciochescos determinaran que muchos católicos vieran con recelo la idea de la razón, cuando Santo Tomás de Aquino (como también cuenta Bayliss, mejor que yo), es uno de uno de sus grandes valedores a la par que adalid de la fe. Si las potencias del alma son entendimiento, voluntad y memoria, debemos considerar que la razón (parte del entendimiento) es uno de los vehículos para llegar a Dios, sin perjuicio de que dicha facultad se haya usado desde el positivismo para cargar contra la Religión.
Pero es que el Racionalismo ha pretendido ir hasta contra la naturaleza, afirmando que los hombres son libres e iguales en virtud de aquella, cosa que ya hemos visto para bien o para mal, que no es cierta en absoluto. De aquí se desemboca en el Relativismo: todo vale, todo es discutible, nada permanece. Ahora bien, si nada permanece, ¿por qué ha de permanecer la Razón, ya con mayúsculas, y devenida en diosa del Modernismo?
Claro que existe una razón natural que se da en los hombres, con mayor o menor prodigalidad, y claro que esa razón nos puede llevar a Dios, o al menos a conocer lo que el Magisterio propone. Luego, la fe hará el resto.
Lo que no es muy lógico es la segregación que pretende emancipar al hombre, sea de sí mismo (el total desprecio a la razón que nos corresponde como seres “racionales”), sea de la fe (el nihilismo esterilizante en el que cada uno hace de sí, un dios). Es ilustrativa la frase “seréis como dioses” (Génesis, 3,5), diabólica tentación que, pasado el efecto inicial, hace sentir al hombre el frío del abandono y la vergüenza de su desnudez. Bien está la razón, que se proyecta en las ideologías y en la técnica, pero cuando se cae en el total vaciamiento del alma en estas, ¿Pueden esas ideologías ampararnos y darnos esperanza? ¿Pueden explicarlo todo? Acaso ese vacío no ha sido sino presupuesto de la autodestrucción del hombre poco después de su divinización. El rayo de la técnica, vivificante y maravilloso, pero también amenazador, es como aquel que fulminó al Maligno y lo echó al abismo. Por eso, el hombre, cuando verdaderamente está emancipado, no es cuando se desliga de todo esquizofrénicamente, sino cuando se “religa”, cuando se ampara bajo fe y razón, para descubrir su origen y destino.
Francisco Ángel López Cabello
