sábado 24 de octubre de 2009

Libertad, expresión del amor de Dios

La Iglesia ha defendido siempre la existencia de la libertad del hombre y ha condenado todo atentado a la libertad verdadera. Con el pecado original, la libertad del hombre quedó herida y también inclinada al mal, pero con la entrega de Cristo en la Cruz se adquiere un nuevo sentido.
Por el Bautismo, el cristiano adquiere la libertad de los hijos de Dios (Rom 8, 21-23). Ya nos lo dice el Evangelio de San Juan: “Si permanecen en mi palabra, dice el Señor, serán en verdad mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn 8,31-32).
Ya Santo Tomas de Aquino explica el profundo contenido de estas palabras del Señor: ‹‹liberar en este pasaje no se refiere a quitar cualquier angustia…, si no propiamente significa hacer libre, y esto de tres modos:

1ro.- La verdad de la doctrina nos hará libres de cualquier error o falsedad, pues Dios es la verdad misma;

2do.- La verdad de la gracia librará de la esclavitud del pecado;

3ro.- La verdad de la eternidad en Cristo Jesús nos librará de la corrupción››.

Los judíos en tiempo de Jesús no entendían la prédica del Señor, ellos pensaban que para ser libres consistía en pertenecer al pueblo elegido. El Señor les dice que la verdadera libertad es la de los hijos de Dios, que no está sometida a la esclavitud del demonio y del pecado (cf. Juan 8,33-36).
Dice San Agustín: “el salvador manifestó con estas palabras, no quedaríamos libres de los pueblos dominadores, sino del demonio; no de la esclavitud del cuerpo, sino de la malicia del alma”(Sermon 48)
Por eso, queridos hermanos, la libertad que Cristo- El Señor nos ha regalado, consiste en la liberación del pecado (cf. Romanos 6,14-18) y, en consecuencia, de la muerte eterna (Cf. Apocalipsis 2,11; Colosenses 2,12: Romanos 5,12) y del dominio del demonio (cf. San Juan 12,31. Colosenses 2,15), nos hace hijos en el hijo y hermanos de todos los hombres, de todos los tiempos y culturas.
Esta libertad inicial adquirida en el Bautismo debe ser desarrollada después, con la ayuda de la gracia, y aplicada a todos los campos de la existencia del creyente.
La esencia de la libertad verdadera, no está en elegir un contenido contrario al fin del hombre, sino en una decisión propia, personal, objetiva, en la que el hombre (“imagen y semejanza de Dios”) busca en todas las cosas de su vida a Dios mismo, una decisión por la que el hombre se adhiere a Dios y así realiza su ser en la plenitud a la que Dios llama.
‹‹El hombre no puede ser auténticamente libre ni promover la verdadera libertad, si no reconoce y no vive la trascendencia de su ser por encima del mundo y su relación con Dios, pues la libertad es siempre la del hombre creado a imagen de su creador. El cristiano encuentra en el evangelio el apoyo y la profundización de esta convicción. Cristo, redentor del hombre, hace libres.(cf. S. Juan 8,36) y San Pablo añade: allí donde está el espíritu del señor, allí está la libertad (cf. 2Corintios 3,17).
Ser liberado de la injusticia, de la angustia, del estrés, del sufrimiento, no serviría de nada, si se permanece esclavo allá en lo hondo de los corazones, esclavo del pecado (libertinaje sexual, relativismo, drogas, alcohol, pornografía, orgullo, vanidad, soberbia.etc).
‹‹Para ser verdaderamente libres, el hombre debe ser liberado de esta esclavitud y trasformado en una nueva creatura. La libertad radical del hombre se sitúa, pues, al nivel más profundo: el de la apertura a Dios por la conversión del corazón, ya que es en el corazón del hombre donde se sitúan las raíces de toda sujeción, de toda violación a la libertad›› (J. P. II, mensaje de la paz, 9 de dic., 1980).
La libertad verdadera, se basa en el conocimiento de la voluntad de Dios, en la aceptación de su voluntad; en la medida de ese conocimiento y aceptación, el hombre crece, se desarrolla y madura, es entonces, cuando la libertad que cada quien goza, se vuelve un canto de alabanza al creador, y un signo inequívoco del AMOR de Dios al hombre y de éste a su Señor.
El conocimiento de los secretos del reino de los cielos es puro don de Dios, como don es la libertad, como don es el amor, y gracia concedida de lo alto. Sin embargo, no por ser don – nos dice San Juan Crisóstomo – Dios suprime la libertad.
Deseo a todos que crezcamos en esa libertad, como don infinito y desde ella trasformemos nuestra vida y nuestra sociedad.

José Ramón Canizales
Misionero de Cristo