
“Yo no creo en la fecundidad duradera de un apostolado que no esté sostenido por una sólida armadura metafísica”.
(Don V-A Berto, 2 de julio de 1936. Notre Dame de Joie, p. 102).
Por mucho que la mayoría de los "católicos", aterrados ante las dimensiones del mal que nos aflige, corra o más bien huya hacia adelante por la senda del maravillosismo o de los irracionalismos varios (tocatas para violón para todos los gustos), la senda de la salud es muy otra. Es la de la verdad.
Por eso no hay apostolado fecundo sin fundamentación metafísica, sin la metafísica del buen sentido, sin inteligencia de la fe. No hay apostolado fecundo sin preparar -rectificar- las conciencias y sin reformar las costumbres a la luz de la conciencia recta. Lo demás son sombras chinescas. Las padecemos en sesión continua.
El Brigante