domingo 4 de octubre de 2009

No demasiado en serio, por favor

Han sido muchos días, más de los que había imaginado en un principio, sin acudir a la cita con los fieles lectores de El Brigante. Pido disculpas y comprensión.
Había asumido previamente, hace un año, un compromiso –la redacción de un libro, ya hablaremos más delante de eso– y se aproximaba peligrosamente la fecha de entrega, sin nada que entregar. Cinco semanas de locura me han apartado de otras muchas obligaciones y de no menos placeres. El Brigante es para mí las dos cosas.
Al fin, con diez días de retraso, el trabajo está concluido y en este mes del Rosario vuelvo a la normalidad de la vida brigante.
Una de las ventajas que tiene ser un partisano es que uno no es demasiado importante. ¿Qué depende del trabajo de un brigante? Quizás nada. No pertenece al ejército regular.
Estamos aquí los que aquí estamos por un preciso sentido del deber, del mismo modo como los ciudadanos de los viejos reinos hispánicos se enrolaban sin paga bajo las banderas de la patria cuando éstas peligraban.
No por eso mi falta a la cita con los lectores brigantes es para mí menos gravosa. Creo que poco les faltará a ellos si les falta esta tribuna. Sin embargo, mi combate, nuestro combate no se mueve por los resultados que esperamos, sino por la obligación que nos apremia. Decir lo que muchos callan hoy. Muchos que debieran decirlo y que prefieren tocar instrumentos de cuerda mientras se consume la fe de nuestros contemporáneos. Pululan por internet lugares y medios dedicados al chisme eclesiástico, a la noticia mojigata, a la disputa frívola que distrae de lo urgente.
El que encuentre útil lo que aquí se diga, que lo aproveche. Si tiene la capacidad y la caridad, que lo mejore o que lo corrija. Sobre todo, que rece por los que hacen esto. En caso contrario, no nos tomen demasiado en serio. Sobre todo los que se dedican a la insustituible tarea de tocar el violón en medio de las ruinas de la fe de las muchedumbres.
Sirvan estas letras de petición de disculpa a los lectores y de anuncio de regreso, con ganas de combate. Con muchas ganas.
Mañana, si Dios quiere, más.

In pace et militia catholica,

J.A.U.