martes 28 de julio de 2009

El olvido de la doctrina social compromete la fe


La inmensa mayoría de los católicos desconoce hoy la existencia de una doctrina social de la Iglesia, pero la inmensa mayoría de los que están familiarizados con su existencia, desconoce el verdadero alcance de ésta. La realidad no es nueva, sino más bien rancia. De un modo progresivo, gran parte de los católicos dejó de reconocer el corazón mismo de la doctrina social de la Iglesia: la doctrina política. Primero se hizo ver que se trataba de genéricas aspiraciones ideales, pero no realmente de una doctrina política vinculante; después, sencillamente, se dejó de enseñar y de hablar de ello. No todo el mundo, claro. Pero hasta en los mismos seminarios se circunscribió la doctrina social a la llamada cuestión social: el salario justo, el derecho a la propiedad…
El corazón de la doctrina social, la doctrina sobre el bien común temporal, es decir, sobre la política, quedó eclipsado para la mayoría y así sigue. Con lo que hasta la misma cuestión social se vuelve incomprensible y pura mojiganga mojigata. Para que esto pudiera pasar fue necesaria una torsión de la doctrina cristiana, sometida a un proceso –llamémoslo así– de progresiva “privatización”, lo cual no era posible sin el abandono previo de la sana filosofía, del realismo tomista y su celo por lo real. Una piedad voluntarista y no pocas veces sincera e intensa, se desentendía del orden natural y temporal, volcada –supuestamente más pura– sobre lo divino, sin ataduras carnales ni filosóficas. No se advertía que incluso el orden sobrenatural quedaba no sólo comprometido en su viabilidad, sino radicalmente alterado. El cristianismo espiritual, desasido de ataduras temporales, libérrimo y cátaro es, sencillamente, una doctrina inhumana y, por ende, doblemente falsa: niega la naturaleza y niega el dogma (como no podía ser de otro modo). Volveremos una y otra vez a este tema, arrinconado en nuestra catequesis, y más urgente que nunca. Estamos convencidos de que en él reside parte de la clave de nuestra situación claudicante. Una parte decisiva. A continuación, traemos a cuento un párrafo de La herejía del siglo XX, de Jean Madiran, como testimonio de ese fatal extrañamiento de la doctrina social y política de la Iglesia. Aunque tenga más de cuarenta años, tiene plena vigencia.

El Brigante.

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… las encíclicas sociales no han sido ni comprendidas ni vividas por el episcopado, por mucho que hayan hablado abundantemente de ellas, con mucho respeto, incluso con entusiasmo, hasta en torno al año 1950. Hoy, el episcopado ya no habla más del tema, ya no habla, por el momento y probablemente no hablará durante mucho tiempo más que de Pacem in terris, de Populorum progressio y de la Constitución conciliar Gaudium et Spes, y únicamente en la medida en la que creen que estos documentos recientes anulan los documentos anteriores: y hablan de tal manera que de hecho los documentos anteriores se encuentran anulados.
Pero antes de eso la situación no era mucho mejor, y ese respeto o aquel entusiasmo con los que el episcopado hablaba de las encíclicas sociales eran irrisorios: porque no las conocían en absoluto. Estaban encantados de enseñar, en los tiempos en los que los obispos todavía hablaban del comunismo con severidad, que la encíclica Divini Redemptoris es «la que condena el comunismo», lo que resulta doblemente inexacto y contrario al mismo texto, al texto explícito de la encíclica. Los obispos hablaban de las encíclicas sociales diciendo que eran dos, entre las cuales Divini Redemptoris no se contaba: estaban Rerum novarum y Quadragesimo anno. Cuando se les hacía notar que León XIII solo ya había publicado doce encíclicas sociales, y que a la muerte de Pío XI, el número de las encíclicas sociales posteriores a León XIII alcanzaba la veintena, los obispos abrían los ojos como platos, incrédulos. Ya no entendían nada. Ignorándolas, evidentemente no podían enseñarlas. Cuando, por casualidad, ponían sus ojos personalmente sobre una de sus «dos» encíclicas sociales, Rerum novarum o Quadragesimo anno, tenían la seguridad (salvo un milagro) de no comprender nada, incapaces de interpretarlas dentro del espíritu y del contexto del conjunto de ese magisterio social, de cuya existencia ni siquiera sospechaban. Así pues, en Francia no había la más mínima transmisión auténtica de la doctrina social de la Iglesia, y menos que en ninguna otra parte, en los seminarios.

Jean Madiran

[L’hérésie du XXe siécle. Paris, 1968. Traducción : El brigante]

¿Nos persiguen mucho o poco?

[Nuestro amigo Francisco López se incorpora a la banda de los brigantes y aborda en este artículo un interesante tema, siempre actual.
El Brigante]


"Si el mundo os odia, sabed que antes que a vosotros me ha odiado a mí (San Juan 15-18).”

Que la Iglesia es perseguida en el Mundo, es una de esas constantes universales, determinadas en todo tipo de coordenadas de espacio y tiempo. Hoy, la persecución a los cristianos sigue siendo un hecho aunque revista multiplicidad de formas, las más virulentas de las cuales suelen hallarse en Oriente Medio.

Pero que la Iglesia sea proscrita y atacada con fiereza en Irak o Pakistán, y más lejos, en Corea del Norte o en China, no debe hacernos olvidar la fuerte presión que contra ella se desarrolla en Occidente. En Europa y América existe una guerra “de baja intensidad” que nutre sus acciones con acción política, propaganda y terrorismo casero [1] en mixtura muy desarrollada y especializada.

La parte política, descansa sobre instituciones cuya actividad tiene como base una superstición racionalista, que históricamente enmascara un deísmo impersonal totalmente incompatible con el Cristianismo. El totalitarismo de las instituciones está celoso de todo aquello que sea sociedad y no se halle bajo la bota del Estado. Racionalismo, Positivismo, Humanismo y Naturalismo soportan ideológicamente el poder constituido en la mayor parte de Occidente, llevando a la sociedad al Nihilismo, en el que sólo puede creerse en el Leviatán público, que proscribe la parte espiritual del hombre [2]. Sin embargo, la tan cacareada separación Iglesia-Estado sólo puede interpretarse en un justo sentido como una “no confusión” de dos sociedades perfectas y soberanas, que deben respetar sus competencias respectivas y aún pueden y deben colaborar por el bien común. La política, en lugar de ser instrumento en pro de la sociedad y de todos y cada uno de sus miembros, pasa a configurar un arma del antiteísmo, que busca destruir la Religión: es un error, por tanto, hablar de expresiones como “laicismo positivo”, en un afán estéril por apaciguar a la bestia, que no ha de cejar en la persecución.

En cuanto a la propaganda, ésta es usada para atacar al Cristianismo desde su mismo origen. Los fariseos y herodianos de nuestros días tienen en los medios de comunicación la clave para continuar la política anticatólica con otros medios “metapolíticos”. Las televisiones y la prensa en general, la literatura y el cine sirven a una caracterización de la Iglesia como una institución de tiranos poderosos que sólo busca oprimir al hombre y acumular poder. Incluso los niños se ven sometidos a la mentira de la propaganda desde sus primeros años. En las aulas e incluso en las películas infantiles aparece el anatema contra el Cristianismo. Los “malos” aparecen vestidos como purpurados o con el nombre de “eminencias” (por ejemplo en “La brújula de oro”) y el cine para mayores imagina conspiraciones delirantes de extorsión, asesinatos y dolosas mentiras que apuntalan a Roma durante siglos (y que siempre desenmascara un valiente ateo humanitario y varonil). Por otra parte, la neurotización de la sexualidad que vive Occidente ha producido graves escándalos de pederastia que se airean especialmente si afectan a la Iglesia, magnificando sus consecuencias frente a la agresión silenciosa que se comete contra la infancia desde la escuela, y en los parques y lugares de ocio de los más jóvenes. Una violación es el peor crimen, y es motivo de manifestaciones masivas si la comete un sacerdote desviado (en el más amplio sentido de la palabra), pero si el autor es un maestro, monitor deportivo, médico o policía, sólo es una noticia más (y únicamente un problema entre denunciante y denunciado). Otro motivo de crítica y de insulto a la Iglesia es el boato de las celebraciones cristianas. Se critica como derroche, pero nadie da cifras reales o no sobre su entidad, y mucho menos sobre la inmensísima obra social de la Iglesia, mayor que la de la mayoría de Estados, despilfarradores de erario público, cohechadores masivos y también masivos consumidores de armas.

Finalmente, en Occidente, la furia anticristiana toma formas violentas más suaves que en el Islam o en los países que aún están inmersos en el Comunismo. Sin embargo, sin salir de España vemos numerosos casos de asaltos a locales e iglesias, agresiones físicas contra clérigos y una pequeña panoplia cada vez más violenta y profusa de actos de terrorismo casero. Hoy no vivimos los tiempos de las matanzas de los siglos XIX y XX (los asaltos de 1834 en conventos de Madrid y justo un siglo más tarde en Asturias o en 1936 el genocidio en Paracuellos del Jarama), pero singularmente Madrid, Barcelona y Sevilla están sufriendo cobardes embestidas con “cócteles Molotov” o piedras. También las provincias de León, Lérida, Navarra, Vizcaya, Guipúzcoa, Guadalajara, Huesca, Ávila, entre otras, han sufrido en los últimos tiempos diversos ataques en sus iglesias, ermitas, cruceros e imágenes religiosas. Para la prensa, la ofensiva es poco menos que anecdótica.

La persecución que hemos referido es un hecho que responde a las coordenadas que San Juan Bosco indicó en uno de sus proféticos sueños, el de las dos columnas [3]. En él, se narra cómo la Iglesia ha de sufrir muchas más tribulaciones. Una nave con el Sumo Pontífice, es objeto de todo tipo de embestidas por otras barcas más pequeñas, que buscan hundirla en el mar por todos los medios. La única salvación en medio de las acometidas (en las que el Papa cae por dos veces y la segunda muere) es la sujeción a dos columnas imponentes, la más pequeña, coronada por la Virgen Inmaculada (con la expresión “Auxilium Christianorum”) y la mayor por una Hostia consagrada (y la leyenda “Salus Credentium”). Sólo una Iglesia fiel a sí misma puede salvarse, y la inhibición y tibieza comportan su fracaso. La Eucaristía y el amor filial de María son el sostén ante una persecución que se acrecienta, y el alimento para poder dar testimonio. No es fácil saber si nos persiguen mucho o poco, si tendremos martirio cruento o incruento, pero esta condición martirial es, etimológicamente, la condición de testigo, que sólo puede ofrecer quien está embebido de Cristo y se ancla con vigor a las dos columnas de la Fe.

Francisco Ángel López Cabello

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[1] Sólo dos ejemplos actualísimos de lo anterior en
http://www.europapress.es/madrid/noticia-hazteoir-condena-ataque-botellas-incendiarias-pasado-domingo-iglesia-santa-genoveva-majadahonda-20090714194401.html
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14458&id_seccion=10
[2] La prohibición de rezar en las escuelas se extiende cada vez en más países, basando dicha extorsión en que la oración lesiona la libertad de los no creyentes. Dicho absurdo hace que éstos no puedan ejercer sus creencias “en el nombre de la libertad”.
[3] Una de las muchas versiones del sueño en Internet está en http://www.mallinista.com/2008/01/sueos-profticos-de-don-bosco-las-dos.html