sábado 12 de diciembre de 2009

Santa María de Guadalupe, Nuestra Madre

“¡Yo te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!” (San Mateo 11, 25).

1.- Aquel Domingo de Diciembre de 1531, cuando todavía estaba oscuro, salió Juan Diego de su casa, se vino derecho a Tlatelolco, vino a saber lo que pertenece a Dios y a ser contado en lista, luego para ver al señor Obispo. – y a eso de las diez fue cuando ya estuvo preparado: se habrá oído misa y se había nombrado lista y se había dispersado la multitud.

Y Juan Diego luego fue al Palacio del Señor Obispo. Y en cuanto llego hizo la lucha para verlo, y con mucho trabajo lo vio; a sus pies se hincó, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle las palabras…de la Reina del Cielo
. Que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la perfecta Virgen de hacerle, de erigirle una casita sagrada…y el Obispo muchísimas cosas le pregunto, le investigo para poder cerciorarse, donde le había visto, cómo era ella; todo, absolutamente todo se lo contó al Señor Obispo.

El Obispo, dijo que no solo por su palabra, su petición se haría o se realizaría lo que pedía. – Que era muy necesaria alguna otra señal para poder ser creído como a él lo enviaba la Reina del Cielo en persona. – Tan pronto como lo oyó Juan Diego, le dijo al Obispo: “Señor Obispo, considera cuál sería la señal que pedís porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me envió”.

Y habiendo visto el Obispo que en nada vacilaba ni dudaba, lo despachó …pero mandó a algunos servidores suyos para que siguieran a Juan Diego y observaran detrás de él a donde iba, a quien veía y con quien hablaba…pero los que lo siguieron lo perdieron y al volver con el Obispo le dijeron que no le creyera,…que nomas decía mentiras, que nada más inventaba, o que soñaba o imaginaba lo que decía…y determinaron que si otra vez venia…lo castigaron fuertemente para que no volviera a decir mentiras, ni alborotar a la gente.

Entre tanto Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que debía llevar al Señor Obispo, la señora le dijo: “bien está, hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al Obispo la señal que te ha pedido: con este te creerá y acerca de esto ya no dudarán de ti. Y sábete hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mi has emprendido. Ea, vete ahora, que mañana aquí te aguardo”

2.- Con que términos, con que palabras bellas habla María a Juan Diego, le llama hijito, porque ella es verdadera Madre. En el Evangelio de San Lucas se nos cuenta que una mujer de entre la gente al oír a Jesús y al verlo hacer maravillas exclamó: “Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron” (-), estas palabras constituyen una alabanza para María, como Madre de Jesús según la carne.

Podemos pensar en el tiempo de la infancia de Jesús. En ese tiempo está presente María como la madre que concibe a Jesús en su seno, le da a luz y lo amamanta maternalmente. Gracias a esta maternidad, Jesús Hijo del Altísimo es un verdadero Hijo del Hombre: Es carne y sangre de María.

Pero Jesús a la bendición proclamada por aquella mujer respecto a su Madre según la carne, responde de manera significativa: “dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica” (-). Así nos enseña la otra grandeza de María que es mayor porque a ella la debemos alabar no únicamente por haber dado a luz a Cristo sino porque María es la primera entre aquellas que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.

3.- Sin lugar a dudas, María es digna de bendición por el hecho de haber sido para Jesús Madre según la carne, pero sobre todo es digna de bendición porque desde la Anunciación (-) ha acogido la Palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente a Dios, porque guardaba la palabra de Dios y la conservaba cuidadosamente en su corazón y la cumplía totalmente en su vida.

Podemos afirmar por lo tanto que el elogio pronunciado por Jesús, no se contrapone, a pesar de las apariencias, al formulado por la mujer desconocida sino que viene a coincidir con ella en la persona de esta Madre-Virgen que se ha llamado solamente “Esclava del Señor”(-)

Si es cierto que “todas las generaciones la llamarán Bienaventurada”(-) se puede decir que aquella mujer anónima ha sido la primera en confirmar inconscientemente aquél versículo profético del Magníficat de María y dar comienzo al Magníficat de los siglos.

4.- Si por medio de la fe María se ha convertido en la Madre del Hijo que le ha sido dado por el Padre con el poder del Espíritu Santo, conservando íntegra su virginidad, en la misma fe ha descubierto y acogido la otra dimensión de la maternidad revelada por Jesús durante su misión mesiánica.

Se puede afirmar que esta dimensión de la maternidad pertenece a María desde el comienzo, o sea desde el momento de la concepción y del nacimiento del Hijo. Desde entonces era “la que ha creído” (-).

A medida que se esclarecía ante sus ojos y ante su espíritu la misión del Hijo, ella misma como Madre se abría cada vez más a aquella “novedad” de la maternidad que debía constituir su “papel” junto al Hijo.

¿No había dicho Ella desde el comienzo: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (cf. San Lucas 1,38). Por medio de la fe maría seguía oyendo y meditando aquella palabra, en la que se hacía cada vez más trasparente la auto revelación del Dios viviente.

María Madre se convertía así, en cierto sentido en la primera “discípula” de su Hijo, la primera a la cual parecía decir: “sígueme” antes de dirigir esa llamada a los apóstoles o a cualquier otra persona.

Oh María de Guadalupe, te imploramos de corazón, que aumentes en nosotros la FE, que seamos siempre verdaderos hijos tuyos que imitándote en oír y guardar en el corazón la palabra de Dios merezcamos ser sus discípulos, seguidores, llenos de amor a Jesús.

S.E.R. don Carlos Quintero Arce
Arzobispo