Aunque en realidad no sean 200 años sino algunos menos, desde hace casi dos siglos, a raíz de las secesiones americanas, la gran mayoría de los “españoles” no han podido serlo. La hispanidad política, a un lado y al otro del Atlántico, entró en un letargo del que no ha despertado aún.Al echar la vista atrás sobre la Historia patria no se trata sólo de valorar correctamente los hechos, de comprender qué fuerzas y con qué sentido operaron en un momento dado, o de discernir las consecuencias que se siguieron de un determinado tumbo de nuestro devenir. Se trata también, y quizás sobre todo, de comprender mejor nuestro presente y de conocer si de ese pasado, interpretado adecuadamente, se extraen lecciones para nuestra actuación hoy.
Ya han comenzado los fastos subvencionados para festejar artificialmente un bicentenario (1810-2010) fantasmagórico. Celebración postiza, como casi todo en nuestra política de los dos últimos siglos, pues a pesar de la machacona y machacante insistencia oficial durante estas dos centurias, no existe ningún tipo de entusiasmo popular americano en torno a la llamada “emancipación” de España.
Bicentenario fantasmagórico, pues en 1810 nadie se independizó todavía y si algo se quiere festejar deberíamos hablar del 200º cumpleaños de las “máscaras de Fernando VII”, con las sombras de duda que sobre la honradez de sus protagonistas siguen sin disiparse.
A ambos lados del océano Atlántico hemos sido incapaces de ofrecer una explicación veraz y popular, compartida, de aquellos terribles sucesos que en realidad fueron guerras civiles entre españoles y que no desembocaron como se dice en ninguna emancipación (pues de yugo extranjero puede empezar a hablarse después de la independencia y hasta hoy, sin solución de continuidad), sino de la destrucción de la comunidad política hispánica.
A partir de entonces el nombre de España se reservó para la porción “europea” de la hispanidad, pero esa continuidad nominal no oculta que el proceso consumado en 1825 supuso un parteaguas en cuanto a la vieja concepción y autoconciencia española. Muchos hitos previos prepararon aquella crisis, pero hasta entonces, y si se quiere hasta la muerte del infame Fernando VII, rey tan legítimo como malo, España era una cosa y después, otra muy diferente. Diferente por problemática y también por artificial, con una artificialidad simétrica a la de las nuevas “naciones” americanas.
Conviene, pues, reflexionar sobre aspectos deliberadamente olvidados durante estos dos últimos siglos al hablar de aquel trauma, español por hispanoamericano. Y que conste que hasta los piadosos intentos de Maeztu o de Vizcarra no llegaron a levantar el velo de la purulenta herida. Guardaron un reverencial silencio sobre los aspectos netamente políticos que estaban en juego, se replegaron sobre una hispanidad cultural y religiosa, que balsámicamente dejaba intacta la cuestión candente.
Es necesaria una todavía más radical “Defensa de la Hispanidad”: de la hispanidad política, de la doctrina política católica e históricamente española y eso no será posible reflexionando sobre una inexistente e hipostatizada “esencia de España”, al modo regeneracionista y liberal, sino volviendo los ojos a “la piedra de la que hemos sido tallados”, fuera de la cual no será posible regeneración ninguna para esta comunidad política (ahora virtual) que se llama España. “Españoles que no pudieron serlo” es mi aportación a esa defensa de la hispanidad.
José Antonio Ullate Fabo
Conviene, pues, reflexionar sobre aspectos deliberadamente olvidados durante estos dos últimos siglos al hablar de aquel trauma, español por hispanoamericano. Y que conste que hasta los piadosos intentos de Maeztu o de Vizcarra no llegaron a levantar el velo de la purulenta herida. Guardaron un reverencial silencio sobre los aspectos netamente políticos que estaban en juego, se replegaron sobre una hispanidad cultural y religiosa, que balsámicamente dejaba intacta la cuestión candente.
Es necesaria una todavía más radical “Defensa de la Hispanidad”: de la hispanidad política, de la doctrina política católica e históricamente española y eso no será posible reflexionando sobre una inexistente e hipostatizada “esencia de España”, al modo regeneracionista y liberal, sino volviendo los ojos a “la piedra de la que hemos sido tallados”, fuera de la cual no será posible regeneración ninguna para esta comunidad política (ahora virtual) que se llama España. “Españoles que no pudieron serlo” es mi aportación a esa defensa de la hispanidad.
José Antonio Ullate Fabo
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Ficha del libro:
Título: "Españoles que no pudieron serlo"
Páginas: 246
Editorial: Libroslibres
Precio: 20€
Páginas: 246
Editorial: Libroslibres
Precio: 20€
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8 comentarios:
Señor:
Yo soy argentino, nieto de españoles y quiero ser AMERICANO, no me interesa ser Español ni de hecho ni culturalmente.
Somos muchos lo que pensamos así.
Leandro.
Leandro:
¿Ha leído el libro?...le recomiendo que lo haga, de verdad. Y sin prejuicios.
La verdad es que esté es un debate muy importante, pero para centrarlo en su debido punto y entender los posicionamientos creo necesario leer el libro de Ullate.
Por cierto, mi opinión tras la primera lectura es que es buenísimo.
No leí el libro, pero lo que puedo decir a Leandro es que los argentinos sí somos españoles; no podemos no serlo.
Lo que no debemos confundir es a España con el "Estado Español" con sede en Madrid. Eso es otra cosa.
Por eso, aunque pudiese, no pediría la "ciudadanía española".
+
Mil gracias al cofrade matiner por su generosidad.
Estimado Leandro,
como comprenderá, si sólo habláramos de lo que cada uno "quiere ser", nada habría que discutir: tantas cabezas, tantas sentencias.
De hecho, ese planteamiento, el voluntarista, es un síntoma del problema. Tengo la certeza de que son muchos los que piensan como usted, pero lo que trato es de reflexionar sobre la naturaleza de la política, del bien común temporal, de las obligaciones heredadas que, desantendidas, hipotecan el futuro de las comunidades políticas -en este caso, la hispánica-.
El voluntarismo puro es, en última instancia, anarquista. Es decir, niega la mayor: no hay política.
No sé si me explico...
Mi coronel, cómo no, los argentinos, ecuatorianos, colombianos, mexicanos... igual que vascos, gallegos, catalanes o navarros, son españoles, aunque en cierta medida virtual (los unos y los otros, los otros tanto como los unos). España no es hoy ninguna comunidad política actual, pero eso no la reduce a cero políticamente hablando. Queda lo que he llamado (nada original, por otra parte) el bien común acumulado, que nos configura y nos obliga. Lo que hoy llamamos "España" es inequívocamente parte de ella, pero políticamente tiene tanta entidad como cualquier república americana. No se trata, en efecto, de integrarse o de vincularse en algún grado a una república (seamos serios, aquí no hay monarquía) jacobina y antihispánica, por el mero hecho de "haberse quedado con el nombre". Tan España es América como la península ibérica o los archipiélagos.
Empecemos por curarnos de esa trampa saducea del lenguaje.
Mis saludos más afectuosos,
El Estado Español es hoy una de las hijas más degradas de la España Madre que nace el 2 de Enero del año 40 de nuestra era en Zaragoza y es Madre en el siglo XVI
Estimado Brigante de “El Brigante”:
Núcleo de la Lealtad tiene el honor de participarle la felicitación navideña de la Secretaría Política de la CT:
«En nombre del Abanderado de la Tradición, en el del Carlismo y en el propio, la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón les desea una santa y feliz Navidad.
Que en el Año Nuevo el Niño Dios nos conceda acercarnos a la restauración de Su reinado sobre Las Españas y sobre la Cristiandad toda».
Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón
Comunión Tradicionalista
Nos adherimos a la anterior felicitación de la Secretaría Política de la CT, y en nombre propio le deseamos:
«¡Felices Pascuas y próspero Año de Gracia de 2010!»
Núcleo de la Lealtad
He tenido el privilegio de recibir,dedicado por su autor,la espléndida obra de José Antonio Ullate Fabo.Recomiendo especialmente su lectura por la lucidez de sus enfoques sobre el lamentable desmembramiento de una magnífica unidad política,que había desafiado el paso de los siglos,generada a la luz del Evangelio,de la Cruz misionera y de la espada esgrimida en "el buen combate",al decir paulino,así como por el sentido misional del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo.Unidad que pudo y debió permanecer,-para bien de todos,-españoles europeos y españoles americanos,si no hubiera sido por la felonía de algunos monarcas y de otras tenebrosas maniobras y engaños a los pueblos que terminaron por socavar,después de 1810,aquella obra de unidad católica,en el auténtico sentido de la palabra.
Jorge Pablo.
José Antonio, he leido tu reportaje en Arbil sobre tu nuevo libro "Españoles que no pudieron serlo", obra que en Argentina no se consigue aún.
En dicho reportaje noté coincidencias entre tu pensamiento y el mío con respecto a las Españas, camino que encontré a través de Vicente D. Sierra, historiador argentino, peronista como yo.
Recientemente, hallé tu blog en internet.
Varios compañeros de causa en nuestra Patria, a quienes hice llegar tu reportaje, están interesados en la lectura de tu obra.
Eduardo Vicondo Aranaz
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