Han sido muchos días, más de los que había imaginado en un principio, sin acudir a la cita con los fieles lectores de El Brigante. Pido disculpas y comprensión.Había asumido previamente, hace un año, un compromiso –la redacción de un libro, ya hablaremos más delante de eso– y se aproximaba peligrosamente la fecha de entrega, sin nada que entregar. Cinco semanas de locura me han apartado de otras muchas obligaciones y de no menos placeres. El Brigante es para mí las dos cosas.
Al fin, con diez días de retraso, el trabajo está concluido y en este mes del Rosario vuelvo a la normalidad de la vida brigante.
Una de las ventajas que tiene ser un partisano es que uno no es demasiado importante. ¿Qué depende del trabajo de un brigante? Quizás nada. No pertenece al ejército regular.
Estamos aquí los que aquí estamos por un preciso sentido del deber, del mismo modo como los ciudadanos de los viejos reinos hispánicos se enrolaban sin paga bajo las banderas de la patria cuando éstas peligraban.
No por eso mi falta a la cita con los lectores brigantes es para mí menos gravosa. Creo que poco les faltará a ellos si les falta esta tribuna. Sin embargo, mi combate, nuestro combate no se mueve por los resultados que esperamos, sino por la obligación que nos apremia. Decir lo que muchos callan hoy. Muchos que debieran decirlo y que prefieren tocar instrumentos de cuerda mientras se consume la fe de nuestros contemporáneos. Pululan por internet lugares y medios dedicados al chisme eclesiástico, a la noticia mojigata, a la disputa frívola que distrae de lo urgente.
El que encuentre útil lo que aquí se diga, que lo aproveche. Si tiene la capacidad y la caridad, que lo mejore o que lo corrija. Sobre todo, que rece por los que hacen esto. En caso contrario, no nos tomen demasiado en serio. Sobre todo los que se dedican a la insustituible tarea de tocar el violón en medio de las ruinas de la fe de las muchedumbres.
Sirvan estas letras de petición de disculpa a los lectores y de anuncio de regreso, con ganas de combate. Con muchas ganas.
Mañana, si Dios quiere, más.
In pace et militia catholica,
J.A.U.
4 comentarios:
Saludos amigo Brigante desde la trinchera amiga de El Matiner. La verdad que echabamos de menos las regulares actualizaciones a las que nos tenías acostumbrados. La vida militante no es la misma sin la gasolina combativa de los textos brigantes. Textos para el estudio, la reflexión, la meditación e incluso, para la oración.
Vita hominis super terram militia est (Job. 7, 1)
Estaremos a la espera de tu nuevo libro Brigante, y esperamos con ansia tus artículos.
El Matiner
http://elmatinercarli.blogspot.com
Muy querido amigo, José Antonio,
reciba mis saludos más afectuosos desde estas bellas tierras, llamada sen su momento "La Nueva España".
me da mucho gusto que ya haya salido adelante con su compromiso y que se re-integre a éste, no menos importante.
Que el Señor le bendiga y consere con ese ánimo, amor por la Iglesia y fidelidad a su Evangelio.
en unión de oraciones.
José R. Canizales
Querido correligionario.
Mucho nos alegramos de su vuelta, pero no lo perdonaremos tan fácil.
Al menos deberá decirnos cómo conseguir sus libros del otro lado del Atlántico y contarnos un poco del último.
En Xto.
El Carlista.
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Gracias, mis buenos cofrades de las cuatro esquinas de la vieja hispanidad.
También al amigo Jorge, desde la Banda Oriental, por su mensaje lleno de ardor y de ánimo.
Estoy tomando ritmo y preparando alguna sorpresilla.
Al bueno de El Carlista, que sé que me perdona, le recuerdo que ésta es también su casa...o su partida. Lo mismo le digo al Matiner.
Del libro hablaremos y discutiremos. Eso espero. Trata sobre la destrucción de la hispanidad política, en la inminencia del bicentenario.
Sobre la escisión americana y la impiedad de los españoles de las dos orillas. Sobre lo que sigue significando hoy esa hispanidad, no sólo reducida a un sentimiento, o a unas raíces culturales.
***
Bueno, hoy no me ha sido posible escribir el artículo que deseaba, pero por lo menos saludo a la cofradía.
In Corde Mariae,
El Brigante
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