1.- Continuamente, con un mundo apresurado y en evolución ante la propuesta de métodos, ideologías, urgencias, cabe también hacer un alto y escuchar al Señor: Ante la pregunta de un doctor de la ley, Jesús declara con toda solemnidad que EL AMOR A DIOS, es el Primero y el mayor de los Mandamientos: “amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”(cf. San Mateo 22,37-38). Este precepto es absoluto y resume la actitud del hombre hacia su creador.AMAR A DIOS es reverenciarle y temerle filialmente (cf. Deuteronomio 10,12; 13,3).es mostrarle agradecimiento, lo que supone tener siempre muy presente sus favores y bendiciones (cf. Samuel 12,7-11).implica un total aceptación a su querer y una adhesión incondicional (cf. San Juan 14,21) Amar a Dios es, además , venerarle y rendirle culto (cf. Éxodo 20,2-6; 1Samuel 12,20 ss).
Se fundamenta nuestro amor a Dios en la consideración del mismo como Padre amoroso, que vela con ternura de sus Hijos y que pide una respuesta de confianza ilimitada; y el amor al Padre se concreta en la actitud que el hombre tome frente a la persona del mismo Señor Jesucristo (cf. San Marcos 9,37) Creer en su palabra y amarle a ÉL es creer y amar al Padre que lo ha enviado (cf. San Mateo 10,40-42).
2.- Ciertamente puede haber dificultades en el hombre para mantener despierto y vibrante nuestro amor a Dios: el egoísmo, la comodidad, la falta de mortificación y de templanza, la ignorancia de la misma fe, el orgullo, la soberbia, la lujuria. Los pecados veniales, son una llamada continua para mantenernos despiertos, en vela, ante el Señor.
El amor a Dios, no puede darse por supuesto, si no se cuida, se muere. Si por el contrario, se mantiene firme nuestra voluntad en Él, las mismas dificultades lo encienden y fortalecen.
El amor a Dios se alimenta en la oración diaria, en los Sacramentos, en la lucha diaria contra nuestros defectos, en el esfuerzo por mantenernos en su presencia, en el esfuerzo por conocerle más en su palabra, en nuestras relaciones con los demás que son imagen de Dios, en el mismo descanso.etc.
Especialmente la Sagrada Eucaristía, debe de ser la fuente de donde se alimente nuestro amor, de forma continua. De allí la importancia de no sólo “cumplir” con el precepto dominical, sino de demostrar con acto por lo menos una vez más en la semana, que nuestra presencia en la Eucaristía es, por AMOR al Señor. Porque queremos crecer en Él y para Él, porque necesitamos de ÉL.
Aquellas personas que critican a quien va y se esfuerza por asistir a la Eucaristía entre semana – aparte del domingo -, hay quien les llama fanáticos o personas sin quehacer. No, no son eso, son personas realmente que han comprendido la necesidad de Dios, personas que quieren ser como el Señor lo pide, personas que no se fían de sus fuerzas y van a la fuente de donde mana toda sabiduría, fortaleza, fe, esperanza y amor.
Cuando hay amor a Dios, los obstáculos se superan; y sin amor, hasta las más pequeñas dificultades parecen insuperables.
3.- Además de los pecados de omisión contra el precepto positivo de AMAR A DIOS, existen otros que se oponen directamente a la caridad para con Dios: el odio a Dios y el amor desordenado a las criaturas. Todo pecado si lo analizamos, de una u otra forma va dirigido contra el Primer Mandamiento.
Uno de los mayores y más fuertes obstáculos en el amor a Dios es la “tibieza, pereza espiritual que comporta una cierta tristeza, por la que el hombre se vuelve tardo para realizar actos espirituales a causa del esfuerzo que comportan “(cf. Santo Tomas de Aquino. Summa teologica,1,q 63).
Ningún afecto, ningún pensamiento, ninguna acción pueden quedar independientes fuera de Dios. El nos ha creado y elevado al orden sobrenatural con alma, y cuerpo; y enteros, con alma y cuerpo, hemos de quererlo y de servirlo en esta vida para, después en la otra, en la resurrección de la carne, amarle y gozarle, por toda la eternidad.
Es por eso que el Cristiano verdadero, ha de estar dispuesto a perder todas las cosas, y aun la misma vida, antes que perderlo a Él. Hemos de estar unidos completamente a Dios, cumpliendo con nuestros deberes de estado, amando a nuestros hermanos, llevando la buena nueva a quien no la conoce.
4.- “Se te manda que ames a Dios de todo corazón, para que le consagres todos tus pensamientos; con toda tu alma, para que le consagres tu vida; con toda tu inteligencia, para que consagres todo tu entendimiento a Aquel de quien has recibido todas estas cosas. No deja parte alguna de nuestra existencia que deba estar ociosa y que dé lugar a que quiera gozar de otra cosa. Por tanto, cualquier cosa que queramos amar, diríjase también hacia el punto donde debe fijarse toda la fuerza de nuestro amor. Un hombre es muy bueno cuando toda su vida se dirige hacia el Bien inmutable (cf. San Agustín, Catena Aurea, III)
“Adorad a Aquel que hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y las fuentes de aguas” (cf. Apocalipsis 14,7).
El señor espera encontrarnos en la plenitud de nuestro amor cuando venga.
José Ramón Canizales Martínez
Misionero de Cristo - CeFAL Sonora
1 comentarios:
Estamos dando una vuelta por la red con idea de publicitar nuestra página.
Espero que no le moleste que saludemos desde su blog.
Es estupendo.
...su blog.
Un abrazo
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