1.- Muy queridos amigos de El Brigante; Actualmente he oído que muchos piensan que la fe y la ciencia se oponen entre sí. Sin embargo la actitud de la Iglesia respecto a las “nuevas ciencias naturales” ha sido de gran expectativa y de profunda estima.
La investigación científica tiene ciertamente su valor positivo, el descubrimiento y el incremento de las ciencias son fruto de la razón y expresan la inteligencia con que el hombre consigue penetrar en las profundidades de la creación.
La investigación científica tiene ciertamente su valor positivo, el descubrimiento y el incremento de las ciencias son fruto de la razón y expresan la inteligencia con que el hombre consigue penetrar en las profundidades de la creación.“La fe por su parte no teme el progreso de la ciencia y el desarrollo al que conducen sus conquistas, cuando éstas tienen como fin al hombre, su bienestar y el progreso de toda la humanidad" – estas son palabras de Benedicto XVI.
Tres son las grandes teorías sobre las que se ocupan las ciencias experimentales de la vida: 1.- El papel fundamental de la célula, 2.- La herencia de los caracteres y 3.- La evolución de las especies.
Todos debemos de interesarnos en los descubrimientos que provienen de los fenómenos vitales. Estamos en una fecunda y sorprendente etapa de las ciencias de la naturaleza viviente, por eso debemos afrontar las interpretaciones teóricas y las implicaciones prácticas de estos descubrimientos, especialmente los que conciernen al ser humano y a su fisiología y patología.
En épocas anteriores, algunos cristianos sin entender suficientemente la legítima autonomía de la Ciencia, llegaron a pensar que la fe y la ciencia se oponían entre sí. Algo que hoy en nuestros días es inaceptable.
2.- El diálogo entre la Iglesia y los estudiosos de las disciplinas Biológicas y Medicas se ha desarrollado desde el tiempo del Papa Pio XII, porque la Iglesia Católica profesa una concepción totalmente integral del hombre, en la cual se basan sus actitudes y decisiones relativas a los problemas actuales.
La Iglesia reconoce a cada persona un carácter sagrado, garantizado por aquel que ha creado al hombre a su imagen (cf. Génesis 1,27), lo circunda con su amor y lo llama a vivir consigo.
Y precisamente en virtud del reconocimiento de la altísima dignidad del hombre, la Iglesia apoya la libertad de investigación, que es uno de los atributos más notables del hombre y está convencida de que no puede haber contradicción real entre la Ciencia y la Fe, ya que toda realidad procede en última instancia de Dios creador.
Es cierto que la Ciencia y la Fe representan dos órdenes de conocimiento distintos, autónomos en sus procedimientos, pero convergentes finalmente en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su origen en Dios.
Es cierto también que no siempre se ha reconocido la distinción epistemológica y la independencia metodológica del saber de la ciencia y del saber de la fe, y la ventaja de esta posición es fruto de un largo recorrido, marcado también por incidentes e incomprensiones reciprocas, en los que ha desempeñado un papel destacado el temperamento individual y las circunstancias históricas y culturales.
“No debe sorprendernos ni escandalizarnos (nos dijo el Papa Juan Pablo II) que la Iglesia haya podido avanzar con dificultad en un tiempo tan complejo. La Iglesia, fundada por Jesucristo que se declaró. “Camino, Verdad y Vida (cf. San Juan 14,6)”; Está compuesta de hombres y mujeres limitados y solidarios con su época cultural. Sólo mediante el estudio humilde y asiduo aprende a disociar lo esencial de la fe de los sistemas científicos de una época”
Si se considera con atención, es mucho más profundo lo que une fe y ciencia, que lo que las separa. Ante una tarea que tiene por delante la razón en la época de las más atrevidas empresas de la ciencia y de los formidables desafíos Éticos planteados por la tecnología, la FE “es una fuerza purificadora para la razón misma. Al partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda así a ser mejor ella misma. La Fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver claramente lo que le es propio” (Benedicto XVI)”.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento” (cf. Salmo 19,2)
S.E.R. don Carlos Quintero Arce
Obispo emérito de Hermosillo
Tres son las grandes teorías sobre las que se ocupan las ciencias experimentales de la vida: 1.- El papel fundamental de la célula, 2.- La herencia de los caracteres y 3.- La evolución de las especies.
Todos debemos de interesarnos en los descubrimientos que provienen de los fenómenos vitales. Estamos en una fecunda y sorprendente etapa de las ciencias de la naturaleza viviente, por eso debemos afrontar las interpretaciones teóricas y las implicaciones prácticas de estos descubrimientos, especialmente los que conciernen al ser humano y a su fisiología y patología.
En épocas anteriores, algunos cristianos sin entender suficientemente la legítima autonomía de la Ciencia, llegaron a pensar que la fe y la ciencia se oponían entre sí. Algo que hoy en nuestros días es inaceptable.
2.- El diálogo entre la Iglesia y los estudiosos de las disciplinas Biológicas y Medicas se ha desarrollado desde el tiempo del Papa Pio XII, porque la Iglesia Católica profesa una concepción totalmente integral del hombre, en la cual se basan sus actitudes y decisiones relativas a los problemas actuales.
La Iglesia reconoce a cada persona un carácter sagrado, garantizado por aquel que ha creado al hombre a su imagen (cf. Génesis 1,27), lo circunda con su amor y lo llama a vivir consigo.
Y precisamente en virtud del reconocimiento de la altísima dignidad del hombre, la Iglesia apoya la libertad de investigación, que es uno de los atributos más notables del hombre y está convencida de que no puede haber contradicción real entre la Ciencia y la Fe, ya que toda realidad procede en última instancia de Dios creador.
Es cierto que la Ciencia y la Fe representan dos órdenes de conocimiento distintos, autónomos en sus procedimientos, pero convergentes finalmente en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su origen en Dios.
Es cierto también que no siempre se ha reconocido la distinción epistemológica y la independencia metodológica del saber de la ciencia y del saber de la fe, y la ventaja de esta posición es fruto de un largo recorrido, marcado también por incidentes e incomprensiones reciprocas, en los que ha desempeñado un papel destacado el temperamento individual y las circunstancias históricas y culturales.
“No debe sorprendernos ni escandalizarnos (nos dijo el Papa Juan Pablo II) que la Iglesia haya podido avanzar con dificultad en un tiempo tan complejo. La Iglesia, fundada por Jesucristo que se declaró. “Camino, Verdad y Vida (cf. San Juan 14,6)”; Está compuesta de hombres y mujeres limitados y solidarios con su época cultural. Sólo mediante el estudio humilde y asiduo aprende a disociar lo esencial de la fe de los sistemas científicos de una época”
Si se considera con atención, es mucho más profundo lo que une fe y ciencia, que lo que las separa. Ante una tarea que tiene por delante la razón en la época de las más atrevidas empresas de la ciencia y de los formidables desafíos Éticos planteados por la tecnología, la FE “es una fuerza purificadora para la razón misma. Al partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda así a ser mejor ella misma. La Fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver claramente lo que le es propio” (Benedicto XVI)”.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento” (cf. Salmo 19,2)
S.E.R. don Carlos Quintero Arce
Obispo emérito de Hermosillo
1 comentarios:
Como ingeniero, puede decir que ciencia y Fe no se contraponen nunca. La ciencia permite comprender aspectos de la Fe que resultan oscuros por si mismos... y la Fe permite comprender aspectos de la ciencia que de otra forma no tendrían sentido alguno.
Lo cierto es que si uno le da un repaso a los escritos de la escuela de Alejandría: Clemente, Orígenes, etc... se da cuenta de que esto ya fue enunciado hace siglos y Papas como Benedicto XVI y JP II lo recuerdan cada vez que tiene oportunidad.
Fe y ciencia van de la mano.
Estupendo Blog, enhorabuena :)
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