
El Padre Xiberta, como todos los buenos teólogos, advertía contra un espíritu excesivamente crítico frente a las enseñanzas magisteriales de la Iglesia, enseñanzas que, por su misma naturaleza, exigen una docilidad por parte de los cristianos.
El carmelita catalán utilizaba el adverbio “excesivamente” para distinguir esa actitud –predispuesta a la herejía– de la crítica elemental, que no sólo es deseable, sino obligatoria, como parte integrante del proceso cognoscitivo del creyente respecto de su fe. Como decía el gran teólogo, “aun los actos de fe más elementales suponen un proceso cognoscitivo, ciertamente elemental, que consiste en conocer el símbolo y el catecismo”. El creyente debe ejercer la crítica racional para saber “qué cree” y poseerlo no sólo por el acto de fe, sino por la comprensión racional de la literalidad de la proposición de fe, lo cual le permite defender racionalmente su fe, al poder discernir lo que se le opone. El acto de fe es plenamente sobrenatural y plenamente humano, y es humano porque es un acto –también– de la inteligencia y de la voluntad.
Traemos esta cita a colación a cuenta de la epidemia de fideísmo que azota a los cristianos. Muchos parecen encontrar la superación y el remedio para tanta desorientación y división en una fe “pre-racional”, en términos de Xiberta.
Por poner un ejemplo, en absoluto el único: decenas de miles de cristianos acuden a lugares de supuestas apariciones y con una sinceridad que no hay por qué cuestionar, y regresan “conmovidos”, “edificados” y en muchos casos, “convertidos”. Convertidos a una experiencia difícil de catalogar, pero que en cualquier caso salta por encima de ese proceso cognoscitivo necesario para el acto de fe. Los “convertidos” en estos lugares se sienten unidos entre sí por una experiencia que asombrosamente no está radicada en el conocimiento de la predicación del dogma, sino en una supuesta intervención directa, de un contacto directo de “Dios” en las almas. Es una “experiencia”.
Pero como también dice Xiberta, “fe pre-racional nunca podrá quitarse la mancha del modernismo”.
Estas frases del sabio teólogo también resultan muy convenientes para comprender las dificultades, en absoluto artificiales ni hipercriticistas, sino provenientes del ejercicio de la inteligencia de la fe, de quienes habiendo aprendido su catecismo y conociendo mínimamente la doctrina católica (proceso cognoscitivo), advierten anómalas contradicciones con el sentido y el contenido de la fe de siempre, y se ven obligados a rechazar proposiciones (como las citadas en la anterior entrada, del cardenal Levada) de quienes, a priori deberían encargarse de enseñar la fe.
La epidemia de la fe pre-racional afecta también, pues, a gran cantidad de católicos perplejos que han optado por afirmar que incluso las contradicciones de aparentes actos de magisterio o de personas revestidas del encargo de enseñar la fe son “profundizaciones en el dogma”. Como si con un recurso lingüístico, con decir que lo contradictorio en realidad es una comprensión más profunda del dogma, se pudiera hacer otra cosa que no sea aquietar, tranquilizar la conciencia. El proceso cognoscitivo de las proposiciones de la fe, sirve no sólo para el acto de fe. Sirve para que el contenido de la fe se posea humana y racionalmente. De modo que podamos decir “sí, sí, no, no”.
Los que han abrazado esta fe pre-racional no encuentran ya obstáculos racionales, ni motivos para la polémica dogmática, pues todo queda superado o bien en una experiencia directa (tipo Medjugorje) o bien en un magisterio siempre cambiante, ante el que se nos pide simplemente una genérica aquiescencia, pero sobre el cual no resulta ya posible el ejercicio del humano “proceso cognoscitivo”.
Coda: ¿Qué tipo de “proceso cognoscitivo” podemos hacer ante las enseñanzas y prácticas ecuménicas, por poner un ejemplo? ¿Es posible, aparte de prestar una aquiescencia vaga, armonizar racionalmente la unidad y la unicidad de la Iglesia con un ecumenismo siempre inaferrable conceptualmente? El ecumenismo es una doctrina falsa y contradictoria con las enseñanzas de Jesucristo y de la Iglesia, lo cual explica su irracionalidad, más próxima a la magia que a otra cosa. Es fácil encontrar ecumenistas, pero no es posible encontrar quien realice un “proceso racional” que tenga por objeto el ecumenismo como objeto de fe.
A continuación encontrarán el fragmento del Padre Xiberta. Reflexionemos sobre la relación entre la fe y el proceso cognoscitivo.
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Las funciones “de la fe, contemplación y proceso cognoscitivo nacen todas las tres inmediatamente de la divina revelación y conspiran hacia una única operación perfecta permaneciendo sin embargo específicamente diferentes.
Esta doctrina se afirma contra algunos teólogos que, haciendo hincapié en la definición anselmiana de la Teología (fides quaerens intellectum), colocan en primer lugar una fe pre-racional, después de la cual se suscitaría un movimiento racional en orden a perfeccionar la fe. Pero una fe pre-racional nunca podrá quitarse la mancha del modernismo.
Decimos, pues, que aun los actos de fe más elementales suponen un proceso cognoscitivo, ciertamente elemental, que consiste en conocer el símbolo y el catecismo. Lo que ciertamente viene después es el proceso cognoscitivo científico, es decir el teológico, que viene a perfeccionar, no precisamente la fe, sino el conocimiento del símbolo y del catecismo”.
(P. Bartolomé Xiberta, o.c.d. Compendio de Teología. 1961-3, Roma. Pro-manuscripto).
El carmelita catalán utilizaba el adverbio “excesivamente” para distinguir esa actitud –predispuesta a la herejía– de la crítica elemental, que no sólo es deseable, sino obligatoria, como parte integrante del proceso cognoscitivo del creyente respecto de su fe. Como decía el gran teólogo, “aun los actos de fe más elementales suponen un proceso cognoscitivo, ciertamente elemental, que consiste en conocer el símbolo y el catecismo”. El creyente debe ejercer la crítica racional para saber “qué cree” y poseerlo no sólo por el acto de fe, sino por la comprensión racional de la literalidad de la proposición de fe, lo cual le permite defender racionalmente su fe, al poder discernir lo que se le opone. El acto de fe es plenamente sobrenatural y plenamente humano, y es humano porque es un acto –también– de la inteligencia y de la voluntad.
Traemos esta cita a colación a cuenta de la epidemia de fideísmo que azota a los cristianos. Muchos parecen encontrar la superación y el remedio para tanta desorientación y división en una fe “pre-racional”, en términos de Xiberta.
Por poner un ejemplo, en absoluto el único: decenas de miles de cristianos acuden a lugares de supuestas apariciones y con una sinceridad que no hay por qué cuestionar, y regresan “conmovidos”, “edificados” y en muchos casos, “convertidos”. Convertidos a una experiencia difícil de catalogar, pero que en cualquier caso salta por encima de ese proceso cognoscitivo necesario para el acto de fe. Los “convertidos” en estos lugares se sienten unidos entre sí por una experiencia que asombrosamente no está radicada en el conocimiento de la predicación del dogma, sino en una supuesta intervención directa, de un contacto directo de “Dios” en las almas. Es una “experiencia”.
Pero como también dice Xiberta, “fe pre-racional nunca podrá quitarse la mancha del modernismo”.
Estas frases del sabio teólogo también resultan muy convenientes para comprender las dificultades, en absoluto artificiales ni hipercriticistas, sino provenientes del ejercicio de la inteligencia de la fe, de quienes habiendo aprendido su catecismo y conociendo mínimamente la doctrina católica (proceso cognoscitivo), advierten anómalas contradicciones con el sentido y el contenido de la fe de siempre, y se ven obligados a rechazar proposiciones (como las citadas en la anterior entrada, del cardenal Levada) de quienes, a priori deberían encargarse de enseñar la fe.
La epidemia de la fe pre-racional afecta también, pues, a gran cantidad de católicos perplejos que han optado por afirmar que incluso las contradicciones de aparentes actos de magisterio o de personas revestidas del encargo de enseñar la fe son “profundizaciones en el dogma”. Como si con un recurso lingüístico, con decir que lo contradictorio en realidad es una comprensión más profunda del dogma, se pudiera hacer otra cosa que no sea aquietar, tranquilizar la conciencia. El proceso cognoscitivo de las proposiciones de la fe, sirve no sólo para el acto de fe. Sirve para que el contenido de la fe se posea humana y racionalmente. De modo que podamos decir “sí, sí, no, no”.
Los que han abrazado esta fe pre-racional no encuentran ya obstáculos racionales, ni motivos para la polémica dogmática, pues todo queda superado o bien en una experiencia directa (tipo Medjugorje) o bien en un magisterio siempre cambiante, ante el que se nos pide simplemente una genérica aquiescencia, pero sobre el cual no resulta ya posible el ejercicio del humano “proceso cognoscitivo”.
Coda: ¿Qué tipo de “proceso cognoscitivo” podemos hacer ante las enseñanzas y prácticas ecuménicas, por poner un ejemplo? ¿Es posible, aparte de prestar una aquiescencia vaga, armonizar racionalmente la unidad y la unicidad de la Iglesia con un ecumenismo siempre inaferrable conceptualmente? El ecumenismo es una doctrina falsa y contradictoria con las enseñanzas de Jesucristo y de la Iglesia, lo cual explica su irracionalidad, más próxima a la magia que a otra cosa. Es fácil encontrar ecumenistas, pero no es posible encontrar quien realice un “proceso racional” que tenga por objeto el ecumenismo como objeto de fe.
A continuación encontrarán el fragmento del Padre Xiberta. Reflexionemos sobre la relación entre la fe y el proceso cognoscitivo.
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Las funciones “de la fe, contemplación y proceso cognoscitivo nacen todas las tres inmediatamente de la divina revelación y conspiran hacia una única operación perfecta permaneciendo sin embargo específicamente diferentes.
Esta doctrina se afirma contra algunos teólogos que, haciendo hincapié en la definición anselmiana de la Teología (fides quaerens intellectum), colocan en primer lugar una fe pre-racional, después de la cual se suscitaría un movimiento racional en orden a perfeccionar la fe. Pero una fe pre-racional nunca podrá quitarse la mancha del modernismo.
Decimos, pues, que aun los actos de fe más elementales suponen un proceso cognoscitivo, ciertamente elemental, que consiste en conocer el símbolo y el catecismo. Lo que ciertamente viene después es el proceso cognoscitivo científico, es decir el teológico, que viene a perfeccionar, no precisamente la fe, sino el conocimiento del símbolo y del catecismo”.
(P. Bartolomé Xiberta, o.c.d. Compendio de Teología. 1961-3, Roma. Pro-manuscripto).
2 comentarios:
En efecto, la falta de racionalización de una propuesta la vuelve inconsistente. El juicio cognoscitivo en la asimilicación de la idea es fundamental, no sólo para su comprensión, sino para su mismo cumplimiento o vida conforme a ella.
En el caso que comentas la sugestión cumple un papel crucial. Parte de la sugestión es, sin duda, el pre-juicio cognoscitivo: asumir como cierto y real algo porque todos lo hacen -el efecto Bandwagon. Pero ¿qué proceso humano ha habido en él? Ninguno. Eso colabora en la identificación de la conversión con una acción superior, divina.
Estas personas, alucinadas por un efecto "mágico", son moldeables y convertibles en rebaño. Por eso son el tipo que predomina entre los "fieles".
Todo ello no obstante, la fe jamás está desvinculada por completo de la razón. De hecho, la fe per se no existe. Siempre es fe razonada, aunque sea a posteriori. Si está razonada, no es fe, porque es fruto de un proceso, ya sea éste correcto o incorrecto -eso sólo valida o invalida el resultado-. Nuestra razón actúa mecánicamente ante la asimilación de conceptos: los argumenta con más o menos solidez, pero lo hace siempre.
Como bien dices lo dejamos para otro día. pero sí me gustaría dejar un breve pensamiento. Yo no soy de los que enseguida se enganchan a las apariciones, también me cuesta. Mi fe la baso en Creer sin ver. De estar en la oscuridad a la luz en una larga conversión que duró tres años. La racionalidad de la Fe, me la aplico al corazón. Me parece muy claro tu post y lo comparto. Pero si D.q. ya profundizaremos si quieres
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