sábado 29 de agosto de 2009

El hombre omnividente y su incapacidad de “leer en el interior de las cosas”

Proseguimos con nuestras razones en contra de un uso habitual (aun “controlado”) de la televisión. Las palabras que siguen las pronunció S.S. Pío XII en su último mensaje de Navidad. Poco antes había saludado con esperanza el invento de la televisión (Miranda prorsus) y rápidamente advirtió el grave peligro que supone para la vida cristiana y meramente humana la aparentemente inocua saturación de imágenes que realiza la televisión. La televisión produce hombres "omnividentes", que lo han visto todo y, paradójicamente, se vuelven ciegos para penetrar en el sentido de las cosas y de sus vidas:

“Al hombre, nacido y educado en un clima de riguroso tecnicismo, necesariamente le ha de faltar una parte –y no la menos importante– de su todo, atrofiada, en cierto modo, por condiciones contrarias a su natural desarrollo. Como una planta, cultivada en un terreno al que se han quitado sustancias vitales, presenta tal o cuál carácter, pero no reproduce ya el tipo entero y armónico, así la civilización “progresista”, es decir, únicamente materialista, al eliminar ciertos valores y elementos necesarios en la vida de las familias y de los pueblos, acaba por privar al hombre de la forma genuina de pensar, de juzgar y de obrar. Porque ésta, para poder alcanzar la verdad, la justicia y la honradez, en una palabra, para ser “humana”, exige la mayor Color del textoamplitud, y ello en todos los sentidos. Por el contrario, cuando el progreso técnico aprisiona al hombre dentro de sus espirales, segregándole del resto del universo, especialmente del espiritual e interior, le comunica sus propios caracteres, siendo los más notorios la superficialidad y la inestabilidad. No es un secreto el proceso de semejante transformación, si se tiene en cuenta la tendencia del hombre a aceptar el equívoco y el error, si éstos le ofrecen la vida más fácil.
Un error semejante se deriva del crecimiento, en sí admirable, de la eficiencia de los sentidos, a los que los modernos y prodigiosos instrumentos de investigación dan el poder de ver, escuchar, medir cuanto existe, se mueve y se transforma casi en todos los rincones del universo. El hombre “omnividente”, complaciéndose en este poder tan aumentado, y engolfado casi totalmente en el ejercicio de los sentidos, se deja llevar, sin darse cuenta, a reducir la aplicación de la facultad plenamente espiritual de leer en el interior de las cosas, es decir, de la inteligencia, y a tornarse cada día menos apto para madurar las verdaderas ideas que constituyen la sustancia de la vida. De igual manera, la multiformes aplicaciones de la energía externa, maravillosamente aumentada, tienden cada día más a encerrar la vida humana en un sistema mecánico, que lo hace todo por sí mismo y con sus propios recursos, mermando así los estímulos que antes determinaban al hombre a desarrollar la energía propia y personal.”

S. S. Pío XII,

[“Cristo, armonía del mundo. Mensaje de Navidad, 1957]

4 comentarios:

José Carlos dijo...

Estimado brigante, tienes toda la razón, en relación a lo aquí expuesto, sobre la Televisión.

Que profundidad de pensamiento la del gran Papa Pio XII. Todas sus enseñanzas se dirigian a educar y formar conciencias católicas. Lástima que hoy, nuestras jerarquias estén más preocupadas por adaptarse al nuevo orden mundial anticatólico, que por predicar la moral eterna de la Iglesia.

La televisión, como la música y el arte moderno en general, no ha sido más que uno de tantos instrumentos satánicos para descristianizar la sociedad.

El católico hoy tiene que ser un héroe y decir que no a la Televisión, o caerá arrastrado por el hedonismo que nos rodea.

José Carlos

Don Hervé Belmont dijo...

He aquí dos otros textos de Pio XII que van en el mismo sentido que este mensaje de Navidad. En efecto, Pio XII nos dice que el hombre mismo, que de modo artificial ve todo, no reflexiona más, no discierne más, no es inconscientemente más dueño.
Santo Pio X enseña, en Pascendi, que el punto de impacto del modernismo es destruir la inteligencia de la fe — y por ahí de vaciar la fe de todo contenido y de toda realidad.
La « civilización televisiva » tiende a la misma destrucción : la hipertrofia de la imaginación, la ilusión de ver las cosas cuando se sólo mira una imagen mostrada por un prestidigitador (¡ un « prestimentiroso » !) destruirán del mismo modo la inteligencia – y en prioridad ésa que eleva más por encima de los sentidos, ésa de la fe.

« Comprobamos que la prensa, la radio, el cine, la televisión ejercen sobre los espíritus una presión constante y presentan sin tregua a una muchedumbre de imágenes, de impresiones, de opiniones, de juicios, que van del excelente en el peor de los casos. Los hombres de toda edad, de toda condición, son expuestos sin cesar a esta invasión, la que a menudo se defienden sólo muy insuficientemente. ¿ Que se hace entonces el sentido de la vida sobrenatural, el conocimiento de las verdades de la fe, la práctica de las virtudes de renuncia, de fidelidad, de generosidad, la conciencia de una presencia del Cristo en el prójimo y en la actitud caritativa respecto a él ? ¿ Cómo conservará una madre cristiana a su hogar, educará en sus niños estas actitudes evangélicas, que testimonian, con sentido lleno del término, de la verdad del cristianismo ? » (…) Alocución en el J.I.C.F. belga (26 de julio de 1955)

« Fuerza es bien comprobar que el desarrollo de las técnicas de difusión en el siglo XX planteó un problema nuevo y sin duda más grave. No es solamente más el empleo bueno o malo, que el hombre y la sociedad pueden hacer estos medios poderosos de acción puesto en su disposición ; es la de la influencia desmesurada que el instrumento que escapa del control de su autor, tiende a agarrar hoy sobre la persona humana. (…) La irrupción, en nuestra sociedad, modernos técnicas de difusión amenaza al hombre en su autonomía espiritual. Por la presión de una información dirigida, por la seducción de la imagen, por la obsesión de la propaganda, he aquí en lo sucesivo que la acción conjugada de la prensa, de la radio, del cine o de la televisión llega a dar forma sin saberlo él a la conciencia del individuo : invade poco a poco su universo mental y determina comportamientos que se consideran espontáneos. » Carta de Mons. Dell’Acqua (en nombre de Pio XII) a la 42a Semana Social de Francia, el 14 de julio de 1955

el brigante dijo...

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Querido don Hervé,

Gracias, mil gracias por estos nuevos textos, que sintetizan de un modo admirable las razones cristianas sobre, no sólo la televisión, sino sobre todos los medios de comunicación y las malas lecturas y sobre el alcance de su dañino influjo sobre la vida cristiana.

Copio de nuevo el texto de SS. Pío XII y más adelante D.m. pondré también el de Monseñor Dell'Acqua.

Para meditar:

«Se constata que la prensa, la radio, el cine y la televisión ejercen una presión constante sobre los espíritus, y sin tregua presentan una multitud de imágenes, de impresiones, de opiniones, de juicios, que van desde lo excelente a lo pésimo. Los hombres de toda edad, de toda condición, quedan expuestos incesantemente a esta invasión, de la que frecuentemente no se defienden más que de un modo muy insuficiente. ¿En qué queda entonces el sentido de la vida sobrenatural; el conocimiento de las verdades de la fe; la práctica de las virtudes de renuncia, de fidelidad, de generosidad; la conciencia de una presencia de Jesucristo en el prójimo y en la actitud caritativa hacia él? ¿Cómo hará una madre cristiana para conservar en su hogar, para educar en sus niños aquellas actitudes evangélicas que dan testimonio, en el profundo sentido del término, de la verdad del cristianismo?»

Alocución a la J.I.C.F belga, el 26 de julio de 1955

José Carlos dijo...

Gracias D. Hervé y Brigante por estos magníficos textos, que tanta luz arrojan sobre este asunto.

Si los católicos hubieran hecho caso de estas magníficas enseñanzas, hoy quedarían más familias católicas y más vocaciones religiosas en el mundo.

José Carlos