sábado, 27 de junio de 2009

Muchas son las tribulaciones de los justos, pero de todas los librará el Señor

“Cada noche, le da gracias al Señor por el día que ha recibido y por todos los días de su vida. Una vez me dijo que cuando se acuesta siempre asume que ése ha sido su último día y que siente un inexpresable agradecimiento por todo. Se arrodilla y da gracias al Señor por el don de tanto, por los tiempos de felicidad, por los tiempos difíciles. Y sé bien que él ha tenido su ración de los dos, por encima de toda medida.
También me dijo: por la noche, ‘me acuesto en Cristo y abro mi alma al Espíritu Santo, a Su perdón y a Su Cruz, a nuestra Santísima Madre y a todos los santos. Hago una última oración por todos los que he conocido en mi vida, también por los que conocí siendo un niño, y ya estoy preparado para partir”.
No es un hombre que hable demasiado, pero me dijo esto y muchas otras cosas.
Me contó que cuando se despierta, casi al romper el alba, siempre se sorprende. A veces, se conmueve por haber llegado a ver otro día. “Tiene que haber una razón por la que sigo vivo un día más, así que intentaré descubrirla”. Se arrodilla, dice sus plegarias de acción de gracias por todo y por sí mismo, particularmente su ofrecimiento del día:


Oh Jesús,
Por el Inmaculado Corazón de María,
Te ofrezco mis plegarias, mis trabajos,
Mis gozos y mis penas
De este día, unido a la Santa Cruz.
Por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón,
Unido al Santo Sacrificio de la Misa en todo el mundo,
En reparación por mis pecados
Por las intenciones de todos mis parientes y amigos,
Y en particular por la restauración de la Santa Madre Iglesia
.

Nunca ha tenido muchos bienes de la tierra. Nadie nunca le ha tenido en gran estima, aunque él les estima mucho a todos. Tiene al menos unos pocos libros, su pluma y aquellos diarios suyos… En los que hay un mundo. A veces le gusta ir al supermercado con un rosario colgando de su mano. Muchos le miran y sonríen.
Me pregunta qué es lo que pasa por el mundo. Le cuento rápidamente y él me escucha.
'No tenemos que participar de ese tipo de cosas', me dice. 'Esas pobres gentes están aterrorizadas. No me sorprende que se armen hasta los dientes'. Cogió su misal, en el que había una pequeña imagen de San José. Leyó en voz alta lo que estaba garabateado en el reverso de la estampa:

El rey no se salva por su gran poderío; ni se salvará el gigante por su mucha valentía. El caballo no es seguro para salvarse en él: no por su mucho brío pondrá a salvo al jinete. He aquí los ojos del Señor, puestos en los que le temen y en los que confían en su misericordia; para librar sus almas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de hambruna. Así nuestra alma espera con paciencia al Señor; porque Él es nuestro amparo y protector (Salmo 32, 16-20).

'¿Lo ves?', me dijo mirándome, con su remolino de pelo blanco y su frente arrugada.
'Muchas son las tribulaciones de los justos, pero de todas los librará el Señor' (Salmo 33, 20).

Esta mañana ha mirado por la ventana a su huerto y ha dicho que cuando deje de llover, podará las plantas. Le he mirado a sus curtidas manos. Sé que poda cada planta con gratitud, con buenos pensamientos para todo."

Stephen Hand

[Tomado de su blog “Traditional Catholic Reflections”. Traducción: El Brigante]

1 comentarios:

Anónimo dijo...

"Una vez me dijo que cuando se acuesta siempre asume que ése ha sido su último día y que siente un inexpresable agradecimiento por todo. Se arrodilla y da gracias al Señor por el don de tanto, por los tiempos de felicidad, por los tiempos difíciles. Y sé bien que él ha tenido su ración de los dos, por encima de toda medida.
También me dijo: por la noche, ‘me acuesto en Cristo y abro mi alma al Espíritu Santo, a Su perdón y a Su Cruz, a nuestra Santísima Madre y a todos los santos. Hago una última oración por todos los que he conocido en mi vida, también por los que conocí siendo un niño, y ya estoy preparado para partir”.

Me has alegrado el día con este post. Es un poco de paz entre tanto disparate como tenemos que ver y escuchar.

Paz y bien a todos.

Germán