"Cierto «liberalismo» ingenuo acostumbra a admirar como virtudes características del sistema liberal las felices inconsecuencias por las que se mantiene en las sociedades de Occidente regidas por el liberalismo la vigencia secular de las concepciones cristianas sobre la sociedad y la persona humana.Estos liberales se sorprenden cuando ven imponerse una tiranía totalitaria en nombre de la democracia, de la libertad y de la voluntad del pueblo. La lectura de Spinoza y de Rousseau les convencería de que la «voluntad general» y el «poder de la multitud» son expresiones exotéricas y propagandísticas de un principio cerradamente monista —panteísta— con el que el naturalismo absoluto se opone a la afirmación del origen de la autoridad en Dios trascendente al mundo y personal.
Lo mismo ocurre con el principio «pluralista», que muchos invocan como tabla de salvación frente a la amenaza del totalitarismo marxista. Ninguna sociedad puede hallar su principio en el pluralismo; por el contrario, sólo en el acatamiento absoluto e incondicionado a un orden fundado en el principio uno, que trasciende y fundamenta la pluralidad, se apoya la obligación del debido respeto a lo plural. El respeto al prójimo, al amigo y al enemigo, al conciudadano y al extranjero no hallan su fundamento sino en la obediencia a Dios.
El monismo antiteístico y anticristiano, que se apoya en la fuerza y en la verdad de la exigencia de afirmar la unidad, se disfraza propagandísticamente de pluralismo en orden a combatir la soberanía del Señor que es Uno.
El Occidente no podría defenderse de esta seducción sino apoyándose de nuevo en la fe cristiana. Porque detrás del engaño e inconsistencia del aparente pluralismo está, con su trágica fuerza, el culto anticristiano al principio inmanente que fundamenta la construcción de un Estado Totalitario que tiende a la tiranía universal.
Racine, en su tragedia Alalia, nos presenta el diálogo entre el pluralismo sincretista propuesto hipócritamente por la reina gentil y la fidelidad a la fe en el Dios de Israel que profesa Joas:
Atalía: Vous prierez le vótre; moi prierai le mien.
Ils sont deux puissants dieux.
Joas: Il faut adorer le mien.
Lui seul est Dieu, madame, et le vôtre n'est rien.
Los cristianos estamos en el día de hoy tentados a no profesar nuestra fe en el Dios único, sino a proponer al mundo los equívocos pluralistas del liberalismo. Viene a ser entonces humillación y castigo que sean los que llegan hasta las últimas consecuencias totalitarias de los principios del naturalismo que originaron el liberalismo, los que se atrevan a proclamar, en su lenguaje y en su práctica, que es nada cuanto se les opone y que la única y exclusiva verdad está en su acción revolucionaria".
Francisco Canals Vidal
[La filosofía del liberalismo y la ruina de Occidente. Julio de 1976]
Joas: Il faut adorer le mien.
Lui seul est Dieu, madame, et le vôtre n'est rien.
Los cristianos estamos en el día de hoy tentados a no profesar nuestra fe en el Dios único, sino a proponer al mundo los equívocos pluralistas del liberalismo. Viene a ser entonces humillación y castigo que sean los que llegan hasta las últimas consecuencias totalitarias de los principios del naturalismo que originaron el liberalismo, los que se atrevan a proclamar, en su lenguaje y en su práctica, que es nada cuanto se les opone y que la única y exclusiva verdad está en su acción revolucionaria".
Francisco Canals Vidal
[La filosofía del liberalismo y la ruina de Occidente. Julio de 1976]
7 comentarios:
Me quedo con la frese:
“Lo mismo ocurre con el principio «pluralista», que muchos invocan como tabla de salvación frente a la amenaza del totalitarismo marxista”.
Este nefasto principio es el que precisamente ha mezclado todo haciendo hoy muy difícil el distinguir entre lo bueno y lo malo.
Es más, se tiene a lo malo por bueno.
A cuánta gente conocemos que se considera sí misma antiliberal y católica (por hablar de lo mejorcito que tiene la sociedad actual y sin entrar en la estulticia de la mayoría) y a poco de revolver vemos que en realidad no lo son tanto ?
Esto se relaciona con algo que ha dicho otro notabilísimo autor, el Profesor Plinio Correa de Oliveira:
“No siempre los regímenes más brutalmente antinaturales son los que consiguen deformar más hondamente a las almas”.
Olvidándonos de esta verdad, muchas veces se acepta la “democracia socialista”, por ejemplo, pues se la tiene por más inofensiva que el Gulag o la Cheka. Esto es falso y esta falsedad pudre por dentro aunque sin permitirle al hombre en franca descomposición espiritual y mental que se percate suficientemente de lo que le sucede. Pues se ha adaptado. Ha consentido.
Sigue Correa de Oliveira:
“Las medias injusticias son más fácilmente aceptadas como normales, y los medios errores como verdades y unos y otros corrompen más de prisa las mentalidades. Fue mucho más fácil combatir el arrianismo que el semiarrianismo, … a la Revolución brutal que al liberalismo”.
Y proféticamente también dijo:
“Por el mismo hecho de atenuarse, este régimen -habla del comunismo- se prolongaría, precisamente por pretenderse menos antinatural. Esta atenuación no sería entonces una marcha hacia atrás –en la cabeza de la gente- sino un factor de estabilización”.
Y qué vemos hoy?
Un TOTALITARISMO humanitarista que mata al nonato mientras nos dice si podemos o no fumar un cigarro, PERO ACEPTADO SILENCIOSAMENTE A FUERZA DE PLURALISMO democrático, y un peligrosísimo avance - evidente en Hispanoamérica - de un COMUNISMO solapado a fuerza de democracia popular.
"Así llego a la conclusión. Este intento, realizado sólo a grandes rasgos, de crítica de la razón moderna desde su interior, de ninguna manera incluye la opinión de que hay que regresar al período anterior a la Ilustración, rechazando las convicciones de la época moderna. Se debe reconocer sin reservas lo que tiene de positivo el desarrollo moderno del espíritu: todos nos sentimos agradecidos por las maravillosas posibilidades que ha abierto al hombre y por los progresos que se han logrado en el campo humano.
Por lo demás, la ética de la investigación científica ....., debe implicar una voluntad de obediencia a la verdad y, por tanto, debe ser expresión de una actitud que forma parte de las decisiones esenciales del espíritu cristiano. Por consiguiente, nuestra intención no es retirarnos o hacer una crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y de su uso. Porque, mientras nos alegramos por las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, también vemos los peligros que emergen de estas posibilidades y debemos preguntarnos cómo podemos evitarlos. Sólo lo lograremos si la razón y la fe se vuelven a encontrar unidas de un modo nuevo, si superamos la limitación, autodecretada, de la razón a lo que se puede verificar con la experimentación, y le abrimos nuevamente toda su amplitud. En este sentido, la teología, no sólo como disciplina histórica y ciencia humana, sino como teología auténtica, es decir, como ciencia que se interroga sobre la razón de la fe, debe encontrar espacio en la universidad y en el amplio diálogo de las ciencias.
Sólo así se puede entablar un auténtico diálogo entre las culturas y las religiones, un diálogo que necesitamos con urgencia.
.....
Una razón que sea sorda a lo divino y que relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas. Con todo, como he tratado de demostrar, la razón moderna propia de las ciencias naturales, con su elemento platónico intrínseco, conlleva un interrogante que la trasciende, como trasciende las posibilidades de su método.
........
Para la filosofía y, de modo diferente, para la teología, escuchar las grandes experiencias y convicciones de las tradiciones religiosas de la humanidad, especialmente las de la fe cristiana, constituye una fuente de conocimiento; no aceptar esta fuente de conocimiento sería una grave limitación de nuestra escucha y nuestra respuesta.
.......
Occidente, desde hace mucho, está amenazado por esta aversión contra los interrogantes fundamentales de su razón, y así sólo puede sufrir una gran pérdida. La valentía para abrirse a la amplitud de la razón, y no la negación de su grandeza, es el programa con el que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe bíblica entra en el debate de nuestro tiempo. "No actuar según la razón, no actuar con el logos, es contrario a la naturaleza de Dios", ......
En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud de la razón. Redescubrirla constantemente nosotros mismos es la gran tarea de la universidad."
Benedicto XVI (Discurso de Bratisbona)
Un afectuoso saludo,
Domingo
Magnífico artículo, que pone de manifiesto las aberraciones a las que conduce el falso dogma de la soberania popular y el rechazo de la voluntad Divina para fundamentar los cimientos de la sociedad.
A ver Brigante, si me explicas por qué nuestros obispos se encuentran tan a gusto en un régimen fundado en el pluralismo. Sólamente le ponen pegas a "políticas concretas", pero por el resto, mira que se han encargado de dejar bien claro que no quieren volver a un régimen de privilegios.
Que conste que lo que dice Canals me parece de cajón o mejor, de sentido común. Lo que no entiendo es lo de los obispos. Que encima se quejen me deja estupefacto.
¡No voteis en las europeas!
JI
" La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica 93. Por esto mismo, no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado.
Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la «subjetividad» de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad. Hoy se tiende a afirmar que el agnosticismo y el relativismo escéptico son la filosofía y la actitud fundamental correspondientes a las formas políticas democráticas, y que cuantos están convencidos de conocer la verdad y se adhieren a ella con firmeza no son fiables desde el punto de vista democrático, al no aceptar que la verdad sea determinada por la mayoría o que sea variable según los diversos equilibrios políticos. A este propósito, hay que observar que, si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.
La Iglesia tampoco cierra los ojos ante el peligro del fanatismo o fundamentalismo de quienes, en nombre de una ideología con pretensiones de científica o religiosa, creen que pueden imponer a los demás hombres su concepción de la verdad y del bien. No es de esta índole la verdad cristiana. Al no ser ideológica, la fe cristiana no pretende encuadrar en un rígido esquema la cambiante realidad sociopolítica y reconoce que la vida del hombre se desarrolla en la historia en condiciones diversas y no perfectas. La Iglesia, por tanto, al ratificar constantemente la trascendente dignidad de la persona, utiliza como método propio el respeto de la libertad 94.
La libertad, no obstante, es valorizada en pleno solamente por la aceptación de la verdad. En un mundo sin verdad la libertad pierde su consistencia y el hombre queda expuesto a la violencia de las pasiones y a condicionamientos patentes o encubiertos. El cristiano vive la libertad y la sirve (cf. Jn 8, 31-32), proponiendo continuamente, en conformidad con la naturaleza misionera de su vocación, la verdad que ha conocido. En el diálogo con los demás hombres y estando atento a la parte de verdad que encuentra en la experiencia de vida y en la cultura de las personas y de las naciones, el cristiano no renuncia a afirmar todo lo que le han dado a conocer su fe y el correcto ejercicio de su razón "
Juan Pablo II (Centesimus Annus)
Saludos
Domingo
+
Querido Carlista, gracias por tus apreciaciones. No digo que las reflexiones de Canals o las tuyas sean evidentes, pero un mínimo de sensus fidei y de uso de la razón permite advertir su veracidad. El hecho de que seamos hoy una exigua minoría -sí, sí, Domingo, refocílate- los que lo comprendemos hace que tenga sentido el ágora de El brigante.
Estimado Domingo: por lo que parece, intentas contraponer las enseñanzas de JPII y de BXVI con la filosofía social enseñada tradicionalmente por la Iglesia. Aunque tu selección de textos podría ser más ajustada para resaltar las contradicciones, no te preocupes, compartimos contigo la misma perplejidad. ¿Cómo reconciliar ambas enseñanzas?
Puedes multiplicar ad vomitum las citas (y mucho más llamativas) pero lo interesante, una vez advertido ese desajuste es argumentar, si es que eso es posible, cómo se justifica el abandono de las tesis tradicionales.
Caros José Carlos y Jerónimo, sed bienvenidos, estáis en vuestra casa. Sobre lo que planteas, Jerónimo, ya hay algún post colgado en este blog. Por ahora no puedo extenderme más. En breve espero hacerlo.
Saludos brigantes
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