Las objeciones a una objeción, de Miguel Ayuso, han puesto encima de la mesa las contradicciones de la objeción de conciencia a la asignatura de de Educación para la ciudadanía (ocepc). El enfoque de su artículo –el de la esencia– está abierto a más desarrollos, necesarios para orientarnos a todos.
Como el asunto da para mucho, me adentraré en otra vertiente del caso. La mía será una crítica desde la simpatía hacia el arranque que mueve a unos padres a hacer algo por preservar la cordura y la salud en las almas de sus hijos, pero como es posible compartir un arranque sin compartir su punto de llegada o su forma de ejecutarse, me siento lo suficientemente próximo como para disentir.
Creo que la objeción de conciencia conlleva, en sí, “la falta de crítica del Estado liberal” o, lo que es lo mismo, su tácita aceptación (no es “una desobediencia a la Ley” afirma el “observatorio” para la ocepc). Lo único que pide quien objeta es que no se le aplique la ley, pero que se siga aplicando a los demás… si no la objetan. O sea, el concepto mismo de ley se vuelve incomprensible. No debe escandalizar que a eso se le llame “antipoliticismo”, o negación de la doctrina social cristiana. Si por un absurdo la “legislación” diera cabida a una ocepc, veo claro que ésta podría usarse para evitar un mal inminente, como quien aprovecha el descuido de un agresor –llegado el caso, yo la usaría–, pero tal “derecho” hoy no existe y por eso deberíamos replantearnos sosegadamente si los fundamentos y la fórmula por la que se aboga son los más apropiados o si no estarán cerrando el paso a propuestas más consecuentes con la doctrina católica.
Pero hay más aspectos cuestionables en este “movimiento” por la ocepc. Sorprende su carácter biempensante. ¿En virtud de qué criterio se limita la reacción a esta nueva asignatura? ¿Porque “adoctrina” a nuestros hijos? Es cierto, pero no lo es menos que el principal vehículo de adoctrinamiento escolar ha sido la sistemática manipulación de la Historia, que continúa impune a través de los libros de texto, por ejemplo de editoriales “católicas”. Pero también las Ciencias Sociales, las nuevas asignaturas del bachillerato como Economía, “ciencias de la salud”... vehiculan la ideología naturalista. Yo, que en un colegio “católico” sufrí una educación ideada para generar demócratas, no sé si recibí más adoctrinamiento contrario a la fe y a los fundamentos intelectuales de mi fe en las clases de Física o en las de Religión. Hoy, que la cosa no ha ido a mejor, se alimenta la “burguesa” ilusión de que “objetando” a epc luchamos por evitar el adoctrinamiento de nuestros hijos. Trágica manipulación. Conozco a abundantes padres objetores. Sé que están preocupados por un problema real, pero la solución que se les ofrece genera en ellos una sensación ficticia de cumplimiento del deber. Es un secreto a voces: pocos son los que, de verdad se engañan. En realidad saben que con esa “solución” la educación de sus hijos está lejos de blindarse, pero.... Pero la objeción conlleva la sistemática e ideológica censura de esa incómoda realidad y la consiguiente desmovilización respecto a una acción que se dirija a atajar la auténtica extensión del mal. No faltan los que admiten que la objeción es una solución inadecuada, pero dicen que no se la debe criticar, puesto que “para algo que se hace”, no debemos entorpecerlo. Me alegraré de todo el mal que logre evitar esta supuesta solución, pero no veo qué extraña moral pueda justificar que ocultemos, una y otra vez, so capa de inoportunidad, las verdaderas razones de los católicos, lo que ya se ha convertido en una costumbre.
A fuerza de tanto ceder a unas tácticas que luego se demuestran bastante estériles, la cuestión es que se acaba por no prestar atención a la madre del cordero: la disolución de la fe, la problematización de la fe en la inmensa mayoría de los cristianos. Una fe sin certezas no da respuestas de fe, sino ideológicas. Es ante lo que estamos.
La inmensa mayoría de los chicos –también los de los objetores– padecen no ya un adoctrinamiento de dos horas a la semana de epc, sino de tres y más horas diarias frente al televisor, frente al que cabe una sencilla “objeción de conciencia”, que liberaría más de un rincón en nuestras casas. Pero, evidentemente, tampoco eso basta.
Yo no pretendo “desmovilizar” a nadie. Sólo pretendo que no se engañe ni utilice a los católicos. Y la ocepc –discúlpenme, es lo que creo– es una quimera, una sombra, con la que se falsea un peligro real reduciéndolo a la punta del iceberg. Con todo su fuego de artificio de “aconfesionalidad” y de movimiento cívico, la ocepc se dirige en realidad a los católicos, que en muchos casos desconocen ya los tesoros de la enseñanza de la Iglesia sobre la educación, sobre la ordenación de la familia y de la sociedad. A esos católicos se les quiere hacer creer que ya no es tiempo de luchar por el reinado social de Jesucristo y que, sin embargo, es tiempo de batallas “civicas”, transversales, laicas, meramente negativas. Yo les digo que nada debe anteponerse a una pura y transparente predicación de la doctrina católica, a una vida de oración y de penitencia, a la formación de verdaderas mentalidades católicas militantes. El lenguaje del católico entiende de obediencia de la fe, de conversión de las inteligencias y de las costumbres. Todo eso, lejos de llevarnos a una deserción del mundo, nos vigoriza para cumplir con nuestros deberes de estado, también con los políticos, llegando si es necesario hasta las mayores audacias en ese terreno, como hicieron nuestros antepasados. Pero sin olvidar que, a veces –eso puede que no dependa de nosotros– el primer deber político es el testimonio de la fe, sin excluir, llegado el caso, el del martirio. Y en esa hora se echarán en falta muchas más cosas que haber hecho novillos de la epc.
José Antonio Ullate
Como el asunto da para mucho, me adentraré en otra vertiente del caso. La mía será una crítica desde la simpatía hacia el arranque que mueve a unos padres a hacer algo por preservar la cordura y la salud en las almas de sus hijos, pero como es posible compartir un arranque sin compartir su punto de llegada o su forma de ejecutarse, me siento lo suficientemente próximo como para disentir.
Creo que la objeción de conciencia conlleva, en sí, “la falta de crítica del Estado liberal” o, lo que es lo mismo, su tácita aceptación (no es “una desobediencia a la Ley” afirma el “observatorio” para la ocepc). Lo único que pide quien objeta es que no se le aplique la ley, pero que se siga aplicando a los demás… si no la objetan. O sea, el concepto mismo de ley se vuelve incomprensible. No debe escandalizar que a eso se le llame “antipoliticismo”, o negación de la doctrina social cristiana. Si por un absurdo la “legislación” diera cabida a una ocepc, veo claro que ésta podría usarse para evitar un mal inminente, como quien aprovecha el descuido de un agresor –llegado el caso, yo la usaría–, pero tal “derecho” hoy no existe y por eso deberíamos replantearnos sosegadamente si los fundamentos y la fórmula por la que se aboga son los más apropiados o si no estarán cerrando el paso a propuestas más consecuentes con la doctrina católica.
Pero hay más aspectos cuestionables en este “movimiento” por la ocepc. Sorprende su carácter biempensante. ¿En virtud de qué criterio se limita la reacción a esta nueva asignatura? ¿Porque “adoctrina” a nuestros hijos? Es cierto, pero no lo es menos que el principal vehículo de adoctrinamiento escolar ha sido la sistemática manipulación de la Historia, que continúa impune a través de los libros de texto, por ejemplo de editoriales “católicas”. Pero también las Ciencias Sociales, las nuevas asignaturas del bachillerato como Economía, “ciencias de la salud”... vehiculan la ideología naturalista. Yo, que en un colegio “católico” sufrí una educación ideada para generar demócratas, no sé si recibí más adoctrinamiento contrario a la fe y a los fundamentos intelectuales de mi fe en las clases de Física o en las de Religión. Hoy, que la cosa no ha ido a mejor, se alimenta la “burguesa” ilusión de que “objetando” a epc luchamos por evitar el adoctrinamiento de nuestros hijos. Trágica manipulación. Conozco a abundantes padres objetores. Sé que están preocupados por un problema real, pero la solución que se les ofrece genera en ellos una sensación ficticia de cumplimiento del deber. Es un secreto a voces: pocos son los que, de verdad se engañan. En realidad saben que con esa “solución” la educación de sus hijos está lejos de blindarse, pero.... Pero la objeción conlleva la sistemática e ideológica censura de esa incómoda realidad y la consiguiente desmovilización respecto a una acción que se dirija a atajar la auténtica extensión del mal. No faltan los que admiten que la objeción es una solución inadecuada, pero dicen que no se la debe criticar, puesto que “para algo que se hace”, no debemos entorpecerlo. Me alegraré de todo el mal que logre evitar esta supuesta solución, pero no veo qué extraña moral pueda justificar que ocultemos, una y otra vez, so capa de inoportunidad, las verdaderas razones de los católicos, lo que ya se ha convertido en una costumbre.
A fuerza de tanto ceder a unas tácticas que luego se demuestran bastante estériles, la cuestión es que se acaba por no prestar atención a la madre del cordero: la disolución de la fe, la problematización de la fe en la inmensa mayoría de los cristianos. Una fe sin certezas no da respuestas de fe, sino ideológicas. Es ante lo que estamos.
La inmensa mayoría de los chicos –también los de los objetores– padecen no ya un adoctrinamiento de dos horas a la semana de epc, sino de tres y más horas diarias frente al televisor, frente al que cabe una sencilla “objeción de conciencia”, que liberaría más de un rincón en nuestras casas. Pero, evidentemente, tampoco eso basta.
Yo no pretendo “desmovilizar” a nadie. Sólo pretendo que no se engañe ni utilice a los católicos. Y la ocepc –discúlpenme, es lo que creo– es una quimera, una sombra, con la que se falsea un peligro real reduciéndolo a la punta del iceberg. Con todo su fuego de artificio de “aconfesionalidad” y de movimiento cívico, la ocepc se dirige en realidad a los católicos, que en muchos casos desconocen ya los tesoros de la enseñanza de la Iglesia sobre la educación, sobre la ordenación de la familia y de la sociedad. A esos católicos se les quiere hacer creer que ya no es tiempo de luchar por el reinado social de Jesucristo y que, sin embargo, es tiempo de batallas “civicas”, transversales, laicas, meramente negativas. Yo les digo que nada debe anteponerse a una pura y transparente predicación de la doctrina católica, a una vida de oración y de penitencia, a la formación de verdaderas mentalidades católicas militantes. El lenguaje del católico entiende de obediencia de la fe, de conversión de las inteligencias y de las costumbres. Todo eso, lejos de llevarnos a una deserción del mundo, nos vigoriza para cumplir con nuestros deberes de estado, también con los políticos, llegando si es necesario hasta las mayores audacias en ese terreno, como hicieron nuestros antepasados. Pero sin olvidar que, a veces –eso puede que no dependa de nosotros– el primer deber político es el testimonio de la fe, sin excluir, llegado el caso, el del martirio. Y en esa hora se echarán en falta muchas más cosas que haber hecho novillos de la epc.
José Antonio Ullate
5 comentarios:
Tiene Vd. toda la razón.
Desde un punto de vista católico no ha lugar a la objección de conciencia. Si la autoridad legítima promulga una ley justa, se obedece en virtud del 4º Mandamiento.
Si la ley es injusta no cabe más que la desobediencia (insumisión en el lenguaje democratico)pues como muy atinadamente señala El Brigante, la objección implica una aceptación de la Ley que no quiero que se aplique en mi caso.
Cuestion aparte, como tambien se señala en el trabajo, es que los padres no tenemos otro medio de resistencia que la objección, pero hemos de ser concientes que eso es apenas nada.
Se adoctrina a nuestros hijos co las materias "trnsversales" en Geografía, en Conocimiento del Medo, en Biología, en Literatura...
Y en muchos colegios "católicos" se les enseña en la clase de religión todo tipo de herejías e inmoralidades: Se niegan dogmas marianos, la reurrección de Cristo, se justifica el divorcio, el aborto o las practicas sodomíticas...
Por tanto, objetar, SI "por imperativo legal" (osea, son las únicas migajas que permite el Sistema legal y parece que ni eso permiten) pero teniendo claro que ni es la opción ideal ni en la práctica evitará los males que pretendidamente trata de impedir.
J.B.
Estimado Brigante,
Comparto tus dudas sobre la validez, radicalidad y fertilidad de la postura de objeción a la educación para la ciudadanía. Desde la misma inicial simpatía hacia las motivaciones que mueven a muchos padres a tomar esa postura, no puedo mas que percibirla como algo ciertamente pusilánime que quizás busca mas acallar ciertos cargos de conciencia y asustar políticamente al partido gobernante, mas que
posicionarse radicalmente en contra de un ordenamiento incompatible con la Ley Suprema que cualquier cristiano ha de seguir, que no es otra que la de Cristo Rey Resucitado.
De acuerdo con que el adoctrinamiento no sólo va a venir desde esa asignatura, mas aún, quizás sea esta la que menos nos ha de preocupar.
Mas atención y precaución hemos de tener con la interpretación de la
Historia que hagan desde las aulas y la negación de la acción de Dios
en su curso y en la cosntrucción de las naciones y sus fundamentos jurídicos, con el ateísmo científico que reduce el acto divino de la creación a
una simple casualidad matemática, del culto excesivo al cuerpo y a la belleza, del materialismo, etc...
Son demasiadas todas estas agresiones presentes en nuestro sistema educativo, indudablemente en la escuela pública, y es posible, que también en cierta
escuela concertada religiosa, aunque permíteme romper una lanza en favor la multitud de órdenes religiosas que diariamente luchan por sacar adelante los colegios, e intentan transmitir e inculcar valores acordes con el evangelio, o al menos déjame defender a algunos de los profesionales que en esos colegios desarrollan su labor (se me ocurre, como ejemplo, y aunque sea en el ámbito
universitario, una persona aquí citada, cátedro en una universidad estoy seguro que por ti denostada)
¿Cómo nos posicionamos como católicos? ¿Cuánto de radical ha de ser la respuesta? ¿Cómo hemos de proteger a nuestros hijos? ¿Les alejamos del campo de batalla y les aislamos para preservar su pureza, o les forjamos en la lucha, en la asertividad y en fortaleza de sus convicciones y principios?
Domingo
+
Caro J.B. Gracias por tu comentario. Como el post apunta, en realidad, ni la "ley" positiva ni la jurisprudencia han "aceptado" la ocepc. ¿Entonces en qué sentido podemos decir que es el único medio de resistencia de los padres? Se ha alimentado esa confusión: la de hablar de un hipotético derecho a la objeción para movilizar a los padres... pero tal cosa no está admitida (único caso en que tendría alguna justificación recurrir a la objeción).
Un abrazo,
El brigante
+
Caro Domingo,
No me cabe duda de que habrá muchas personas que se dediquen con generosidad al empeño educativo en el ámbito católico. Pero -reconocimentos aparte- el resultado objetivo de la educacion "católica" en España es un completo desastre.
En cuanto a tus atinadas preguntas, propongo partir de ellas para un par de posts y espero que abramos ese debate.
Por ahora sólo digo que aquí vamos a huir de consignas, vamos a limitarnos a recordar los criterios y cuando sea necesario a hacer valoraciones prácticas y concretas. Es decir, todo lo contrario de los métodos, propuestas y convocatorias americanistas (pelagianas)a que estamos últimamente acostumbrados en nuestra devastada viña católica. El brigante ocupa sólo ese modesto papel.
Un abrazo brigante
Necesario es,puntualizar ante la perplejidad ante la conducta de determinados "teologos":1/la hermeneutica rabinica,en cualquiera de sus escuelas,es subsidaria del fariseismo,sean los misnaicos tanaitas ,hasta la ultima redación finalizada del talmud,la negación de la Divinidad y prerogativas mesianicas de nuestro Señor Jesucristo,valerse de la misma en el estudio de la sagrada escritura,es un error antaño condenado por San Pio x.Terciario dominico.
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