lunes 27 de abril de 2009

La herejía de la acción

El aire que respiramos está viciado por el pelagianismo; nuestras herejías no son más que formas nuevas de ese antiguo error; el espíritu del mundo es eminentemente pelagiano, y de ahí proviene que, entre nosotros, las falsas teorías descansen siempre sobre un fundamento de pelagianismo; pues bien, el pelagianismo es precisamente la herejía que menos se aviene con la atmósfera de San Pablo. En nuestros días se opone lo natural a lo sobrenatural, lo que adquirimos por nosotros mismos, a lo que es infuso en nosotros, todo lo que es debido a nuestra propia acción, a lo que no hacemos sino recibir pasivamente. Pues bien; ese apego exclusivo a lo que es puramente natural es, por lo general, muy seductor; agrada a la juventud, porque le ahorra la reflexión; no explica las dificultades, pero disminuye su número. Complace a las naturalezas perezosas, porque las dispensa de indagaciones; conviene a las imaginaciones lentas, porque precisamente retira a la religión el elemento que la molestaba. Agrada a las personas mundanas, porque quita a la piedad su entusiasmo, y al sacrificio su espiritualidad; agrada al controversista, porque le acorta el camino y hace el camino más fácil. Forma una escuela de pensamientos, que al mismo tiempo que admite que tenemos una gran abundancia de gracia, hace entender que no por eso somos mejores. Convierte los privilegios en responsabilidades, y representándonos la soberanía de Dios como insidiosa, nos la muestra como digna de odio. En las llamas refrigerantes de la devoción a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor, ese espíritu pelagiano desaparece por completo, con todas sus ramificaciones.
[La Preciosa Sangre. Trad Gabino Tejado/El brigante]


Padre Frederick William Faber

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué argumento se deduce de la Filosofía natural en favor de la fe y costumbres? R. Conduce mucho su noticia para la más perfecta inteligencia de las materias teológicas; pues sin su luz ninguno llega a ser perfecto teólogo. Con todo deben procurar los Católicos atender a evitar en esta parte dos extremos, ambos muy expuestos y perjudiciales. El primero es, de los que todo lo quieren probar por razón natural, como lo intentan muchos filósofos de estos tiempos. El segundo es de los que despreciando la razón natural, todo quieren probarlo por la autoridad de la Sagrada Escritura y de los SS. PP. In medio consistit virtus, quando extrema sunt vitiosa. El Teólogo, pues, de tal manera se ha de valer de la razón natural, que con sus luces se halle más apto para deducir sus resoluciones teológicas, pero sin dar a aquélla más asenso, ni a éstas más fuerza, que la que merezca su mayor o menor probabilidad.
Terciario Dominico

Anónimo dijo...

Muy bien esta reflexión. El pelagianismo es como lobo con piel de cordero, parece que hace, no hace en realidad y se carga el querer de Dios en nuestras obras.
No quiere ni santos, ni manifestaciones divinas, nada de unión con Dios, todo ello invocando la supremacía de la caridad, pero en realidad negando la mejor caridad que es la del alimento espiritual, y ademas teniendo caridad con todos menos con los de casa, con los propios, a los que perseguirá si no se atienen al programa pelagiano.
Se necesita una refundación de la iglesia, pero el mal está ya tan extendido, es tan de apocalipsis, que sólo Dios mismo puede hacer esa refundación. De la hecatombe de esta iglesia sacará la nueva iglesia, como Cristo salió del sepulcro.