miércoles, 22 de febrero de 2017

Orgullosa Sodoma



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La fe, reducida a sistema, provee de seguridades, eso sí, al precio de pasar por alto la realidad, dejarla a un lado. Incluso travestida en sistema, la fe, el dogma, conserva siempre la posibilidad de convertirse para cada uno en amistad con Jesús. En cualquier caso, la amistad con Jesús, la fe auténtica, tiene la virtud de conducirnos en una precariedad arriesgada que, sin embargo, se hace cargo de la realidad. Como el samaritano aquél se hizo cargo del hombre apaleado en medio del gran camino, sin poner su acción al servicio de ningún proyecto. Curiosamente, lo que hicieron el sacerdote y el levita, antes aún que no hacerse cargo, que no ser prójimos de aquel desgraciado, fue hacerlo invisible, negarlo, declarar que no existía: lo vieron y dieron un rodeo. Dar un rodeo equivale a esquivar la realidad, negarla para poder afirmar un proyecto, un sistema.

miércoles, 15 de febrero de 2017

La conspiración de la amistad



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Este cuaderno virtual –sorprendentemente– tiene un puñado de receptores. Los indiscretos artefactos que contabilizan las visitas y los que informan del número de suscriptores, permiten sospecharlo, sin certeza, claro está. Lo cierto es que las escasas anotaciones de esta libreta alcanzan a un pequeño manojo de destinatarios. Ignoro cuántos de ellos se toman la molestia de leer lo que aquí anoto. De hecho, salvo una porción todavía mucho menor de amigos y de conocidos, lo ignoro todo acerca de quienes reciben los mensajes en esta botella a la deriva de la red. Es algo muy anómalo que está en la raíz misma del arte de la escritura. Lo escrito, una vez que se abandona a su suerte, se convierte en un objeto sin un fin preciso, autónomo. Pero la paradoja es que quien escribe esto quiere comunicar, pero sobre todo quiere comunicarse. Y eso, mediante un escrito, sólo se puede hacer de un modo necesariamente imperfecto, truncado, frustrante. Ese drama se vuelve hoy todavía más agudo, porque la evolución de la civilización nos ha llevado a un punto de un individualismo desconocido hasta ahora. 

martes, 7 de febrero de 2017

La misericordia de Dios es doble


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Entre los personajes del drama de la Reforma protestante, Johann von Staupitz (1460-1524) desempeñó un papel muy significativo por su condición de híbrido, de impuro. Al menos, así resulta en lectura retrospectiva tanto desde el mundo protestante como desde el católico. Lutero, que reconocía sin ambages la deuda intelectual, afectiva[1] y espiritual[2] que tenía con su maestro y antiguo superior agustino, no sobrellevó con paciencia la negativa de von Staupitz a secundar su revuelta y no escatimó duros calificativos para aquél que, hasta el último momento, se mostraba orgulloso de la amistad con su antiguo discípulo y evocaba su intimidad con él que, como Jonatán para David, era «amabilis super amorem mulierum» (Vulg. 2 Sam. 1, 26)[3].

lunes, 30 de enero de 2017

Seamos sobrios


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El presbítero toletano don Francisco José Delgado se toma la molestia de refutar mi artículo publicado en Alfa y Omega en su número del 26 de enero de 2017. Resulta que mi artículo sería, para don Francisco José, emblemático de varios errores que incluye en la estirpe de la egregia categoría de una “escolástica decadente” o al menos llevaría ese regusto. Vaya por delante que resulta un poco áspero que a uno le adscriban a una corriente a la que no cree pertenecer, pero si además se trata de su variante desportillada, la cosa es más desabrida aún.

lunes, 23 de enero de 2017

El tesoro de la Iglesia puede dar sorpresas


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“Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad”. Si alguna vez Aristóteles pronunció esta frase, poco importa. Se non è vero, è ben trovato. Es una sentencia irisada, digna de meditación. A veces, uno se encuentra en una situación en la que adivina las razones (de la razón o del corazón) que mueven a los próximos y, a pesar de ello, tiene que perseguir una pista diferente. Eso es lo que me sucede hoy con tantos amigos que se sienten confundidos en relación a la disciplina que introduce la exhortación apostólica Amoris lætitia y que conciben sombríos vaticinios sobre la suerte de la Iglesia. Con tono cordial –mi historia de excesos es mi mejor maestra– me atrevo a brindar aquí lo que ya he compartido en otros ámbitos y con otros amigos. Porque también conmigo lo han compartido y creo que es mi deber contribuir a apaciguar los ánimos entre los cristianos.

sábado, 12 de octubre de 2013

Menospreciar en exceso, no amar lo suficiente



El nombre es reciente, pero la cosa no. Me refiero a la “ideologización”. Una de sus manifestaciones es reducir verdades descomunales a esquemas rígidos y manejables que vuelven opaca la propia verdad. Es por eso que en las afirmaciones grandilocuentes conviene, antes que posicionarse –a favor o en contra– distinguir un ímpetu inicial y una plasmación del pensamiento. Muchas veces podremos salvar la intención, hasta identificarnos con ella, sin que por ello tengamos que sentirnos obligados a mantener discursos insostenibles. ¡Cuántos duelos y quebrantos nos hubiéramos ahorrado de haber tenido esa constatación más a mano!

En la historia cristiana aflora recurrentemente un esquema simplicísimo que pretende sintetizar la compleja relación entre lo creado y la gracia: el menosprecio del mundo, por contraposición al amor de Dios. El monje Bernardo de Morlaix se ganó fama con su poema “De contemptu mundi”, pero la idea es muy anterior, ni siquiera cristiana. Quizás más bien estoica, que los estoicos eran tipos muy dados a los esquemitas morales.

jueves, 13 de junio de 2013

El bien que Dios quiere sacar de la crisis actual


Un aspecto esencial y constante de la vocación cristiana es que, para avanzar en la intimidad divina, para avanzar por tanto en un amor de las criaturas que sea conforme al modo en que Dios las ama, esa vocación de hijos de Dios conlleva un llamamiento a un desapego de lo creado que puede llamarse un “éxodo” a un desierto espiritual.
Entonces, ¿por qué se da en nuestro tiempo un llamamiento especial a esta orientación hacia el desierto?
Que de la gran crisis actual Dios quiere sacar un bien inmenso es algo que está fuera de discusión. Es una certeza de fe. Lo que tenemos que preguntarnos es solamente qué bien inmenso quiere obtener Dios.
He aquí la respuesta: el bien que debe salir de la presente crisis es una gran unión de amor de los cristianos con Cristo y con su Madre en la pobreza, la soledad, la noche del Calvario.

jueves, 25 de abril de 2013

España y las Españas



En algunas ocasiones emerge la cuestión de si, cuando decimos “España”, estamos diciendo lo mismo que en esas pocas ocasiones en las que seguimos recurriendo al viejo plural de “las Españas”. En ocasiones una palabra, polisémica, representa diversos significados; y otras veces un solo significado es representado por distintos vocablos, sinónimos.
El asunto tiene su enjundia, por no decir su gran interés. Sin sombra de duda, históricamente se ha dado un uso indistinto u oscilante de “España” y de “las Españas” para referirse a una y la misma realidad: la comunidad política que en un primer momento se identifica con el reino visigodo y que, con el decurso del tiempo, llegará a integrar territorios en ambos hemisferios (y que hoy está en estado latente). En ese sentido, si las crónicas llaman a Alfonso III de Asturias “Adefonsus Hispaniae rex” o “Hispaniae imperator” (rey/emperador de España), también se refieren a Sancho el Mayor de Navarra como “Sancius, Hispaniarum rex” (rey de las Españas).
Pero llega un momento en el que el término España, a partir de la edad moderna y más intensamente en la contemporánea, se vuelve polisémico. De manera que a partir de ahora sólo uno de los sentidos de la palabra “España” sigue siendo sinónimo estricto de “las Españas”.

miércoles, 3 de abril de 2013

La imperfección del bien común temporal


Mejorable, pero existente

El bien común temporal es siempre contingente y, por lo mismo, imperfecto: siempre cabe imaginar formas más perfectas de su realización. Lo cual no es ningún óbice para efectuar un discernimiento prudencial sobre si es o no posible alcanzar el bien común en un determinado momento histórico, ni tampoco desdice en nada del bien común efectivamente realizado decir de él que es perfeccionable. La Castilla y el León de San Fernando o las Españas de Ysabel y Fernando son ejemplos de realización del bien común y, sin embargo, más allá de sus defectos en su aspecto de bien logrado, son esencialmente perfectibles. 

domingo, 17 de marzo de 2013

Lo que escandaliza al discípulo al ladrón le hace encontrar la fe


Donde el ladrón encontró la fe, allí la perdió el discípulo

“Hagamos memoria de la fe del ladrón, fe que Cristo no encontró en sus discípulos después de la resurrección”, comenta San Agustín.

El escenario es catastrófico: “Colgaba Cristo de la cruz y colgaba también el ladrón”. No es precisamente lo que llamaríamos el mejor “preámbulo de la fe”, no es el ejemplo de una pedagogía fácil que predisponga dulcemente nuestra razón y nuestros sentidos a la aceptación del don de la fe. No es el tránsito imperceptible por el que de la delicada bondad natural que arropa y se recibe en una familia cristiana se pasa a la regeneración de la fe. En el último momento antes de su muerte, Jesús nos enseña el límite de nuestros razonamientos apologéticos, corrige divinamente nuestras rarefactas previsiones maquinales para producir la fe; nos recuerda la ambivalencia de un entorno favorable para el encuentro y el don de la fe, y nos trae la memoria que la fe es, siempre, un milagro. Y no más milagro en el madero que en la cuna de un cristiano viejo.

lunes, 4 de marzo de 2013

La crisis y el ejemplo de San Vicente



Ahora, la enseñanza que entreveo en aquella penitencial aventura de Ferrer durante el Gran Cisma. La Iglesia hoy está afligida por tempestades diferentes, pero tremendas también. El rebaño que se ha resistido a la dispersión está desorientado. Yo también apuro mi ración de desconcierto. Es duro admitir que uno no llega siquiera a formarse una imagen completa de una realidad, que no alcanza a incluir toda la información relevante sobre la situación de la Iglesia dentro de un solo razonamiento sustancial. Que no sabemos qué está pasando. Bueno, eso no es verdad del todo. No sabemos lo que está pasando en cuanto al desciframiento del cúmulo de sucesos individualmente considerados, uno a uno. Alcanzamos, sí, a aplicar principios dogmáticos a fragmentos del problema –algunos, más despabilados, a muchos problemas– pero no a su conjunto. Tampoco, por lo mismo, somos capaces de formarnos una idea sintética, de dar con una clave, todavía en el orden de las causas segundas, que explique el porqué de este escenario. Pero no son ésas las únicas verdades disponibles, ni la verdad más alta, sobre este asunto. Nuestra fe no es saldo en almoneda o, por decirlo a la moda, no es “falsable”. La fe tiene sus preámbulos razonables y tiene sus razonadas defensas púgiles. Es lo debido y es imprescindible. Pero el corazón de la fe se escurre de esos ruedos: es merced del cielo, es pacífica posesión de una verdad de la que no somos caporales y a la que no podemos acostumbrarnos. ¡Sabiduría de Péguy que alertaba contra las “almas acostumbradas”!

lunes, 18 de febrero de 2013

Añeja enseñanza para las crisis de autoridad en la Iglesia (II)


"Timete Deum et date illi honorem..."


San Vicente murió el 5 de abril de 1419, un año y cinco meses después de la elección de Martín V. Es probable que el santo llegase a reconocer como tal al papa de la unidad recuperada. Si lo hizo no me consta cuándo. En todo caso, en esos meses finales prosiguió la misma línea de conducta de sus años últimos: parece que evitó hacer del asunto objeto de su predicación.
De la trepidante vida de San Vicente Ferrer me interesa ahora extraer una enseñanza. Entre el fogoso religioso treintañero y el desgastado y sereno fraile sesentón media un cambio de actitud radical en cuanto al problema de la autoridad. Sin embargo no parece que sufriera una evolución reseñable en cuanto a sus posicionamientos doctrinales. Es decir: la doctrina es la misma e inalterable en el santo joven y en el anciano. ¿Dónde está el cambio? A mi modo de ver el dominico, cribado por la dura experiencia, ha profundizado en su sabiduría y en su prudencia hasta advertir la importancia de factores contingentes que antes infravaloraba. Las cosas que él exponía en su tratado del cisma eran, prácticamente todas y desde luego las más importantes de ellas, verdaderas. Pero no eran todas las que estaban en juego, por lo cual, de premisas verdaderas (pero no completas) podía concluir una falsedad.