lunes, 19 de junio de 2017

Aproximación a la mentira en la cultura cristiana

Resultado de imagen de verité obscure pascalLunes, a primera hora de la mañana. Colegio de chicas. Clase de 4º de primaria. Una turba de niñas, de diez y once años, entran en el aula. Entre indolentes y bullangueras, van ocupando sus lugares. Oraciones de rigor. Antes de iniciar la lección, la profesora tiene algo que decirles: “Ayer fue domingo. ¿Cuántas de vosotras fuisteis a misa?”. Tres, cuatro, hasta cinco manos se alzan. “Tenéis que saber que las que no fuisteis a misa estáis en pecado mortal”, sentencia la celosa enseñante ante aquellos veinticinco rostros infantiles que la observan.


La escena es de hace pocas semanas. No me interesan ahora otras consideraciones que legítimamente se pueden hacer en torno a tan lamentable episodio, que me toca de cerca.

martes, 28 de marzo de 2017

Las causas sociales de la apostasía de España, según Borkenau


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Cuando Franz Borkenau pone pie en España por primera vez acababa de comenzar la guerra civil. Era septiembre de 1936. Vienés de origen judío, educado en el catolicismo, había abandonado la fe y abrazado el comunismo. Para cuando llegó a España ya se había desilusionado con el Partido comunista, aunque seguía considerándose socialista. Traía con él su bagaje como investigador social y una vista aguileña para desentrañar procesos históricos.
A veces, un recién llegado advierte, con su mirada fresca, conexiones dentro del entramado histórico local que se escapan a los nativos. En 1937 publicó “El reñidero español”, libro en el que recoge su breve experiencia en la guerra de España. El libro está lleno de observaciones agudas. Una de ellas resulta particularmente sugestiva:

“Las masas españolas han abandonado a su Iglesia, no porque hayan perdido el fervor religioso tradicional de su raza, sino porque esa misma Iglesia española lo ha perdido”.

miércoles, 8 de marzo de 2017

El samaritano elige hacerse amigo de su enemigo


Como he recibido algunas objeciones a la entrada sobre Sodoma, voy a matizar. Los extranjeros, los inmigrantes, los transeúntes, son el lugar en el que se verifica el pecado de Sodoma, precisamente porque en ellos se manifiesta un aspecto crucial y misterioso de la alianza de Dios con los hombres y con todo lo creado. La gravedad del pecado y el castigo de Sodoma se comprenden a la luz de un mensaje que penetra de lado a lado la vieja alianza. «No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque fuisteis extranjeros» (Ex). «Cuando un extranjero resida contigo en tu tierra, no lo molestarás», pero no sólo: «Él será para vosotros como uno de vuestros compatriotas y lo amarás como a ti mismo, porque fuisteis extranjeros…» (Lv). «[Dios] ama al extranjero y le da ropa y alimento… Amad al extranjero, ya que vosotros fuisteis extranjeros» (Dt) y muchos otros pasajes semejantes. Hasta llegar a la narración del juicio final, en la que Jesús anticipa la revelación que hará a los elegidos: «Porque fui extranjero (estaba de paso) y me acogisteis» (Mt). Para nosotros no es fácil pesar estas palabras. Con facilidad las desfiguramos ideológicamente, haciéndolas insignificantes al escudarnos en lo diferente de nuestro contexto o disolviéndolas dentro de un discurso de los derechos humanos. Según la lógica de derecha o de izquierda de cada cual. Pero el problema no es la amenaza al nivel de vida occidental ni las quimeras de sistemas tan  perfectos que hagan superfluo al individuo ser bueno.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Orgullosa Sodoma



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La fe, reducida a sistema, provee de seguridades, eso sí, al precio de pasar por alto la realidad, dejarla a un lado. Incluso travestida en sistema, la fe, el dogma, conserva siempre la posibilidad de convertirse para cada uno en amistad con Jesús. En cualquier caso, la amistad con Jesús, la fe auténtica, tiene la virtud de conducirnos en una precariedad arriesgada que, sin embargo, se hace cargo de la realidad. Como el samaritano aquél se hizo cargo del hombre apaleado en medio del gran camino, sin poner su acción al servicio de ningún proyecto. Curiosamente, lo que hicieron el sacerdote y el levita, antes aún que no hacerse cargo, que no ser prójimos de aquel desgraciado, fue hacerlo invisible, negarlo, declarar que no existía: lo vieron y dieron un rodeo. Dar un rodeo equivale a esquivar la realidad, negarla para poder afirmar un proyecto, un sistema.

miércoles, 15 de febrero de 2017

La conspiración de la amistad



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Este cuaderno virtual –sorprendentemente– tiene un puñado de receptores. Los indiscretos artefactos que contabilizan las visitas y los que informan del número de suscriptores, permiten sospecharlo, sin certeza, claro está. Lo cierto es que las escasas anotaciones de esta libreta alcanzan a un pequeño manojo de destinatarios. Ignoro cuántos de ellos se toman la molestia de leer lo que aquí anoto. De hecho, salvo una porción todavía mucho menor de amigos y de conocidos, lo ignoro todo acerca de quienes reciben los mensajes en esta botella a la deriva de la red. Es algo muy anómalo que está en la raíz misma del arte de la escritura. Lo escrito, una vez que se abandona a su suerte, se convierte en un objeto sin un fin preciso, autónomo. Pero la paradoja es que quien escribe esto quiere comunicar, pero sobre todo quiere comunicarse. Y eso, mediante un escrito, sólo se puede hacer de un modo necesariamente imperfecto, truncado, frustrante. Ese drama se vuelve hoy todavía más agudo, porque la evolución de la civilización nos ha llevado a un punto de un individualismo desconocido hasta ahora. 

martes, 7 de febrero de 2017

La misericordia de Dios es doble


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Entre los personajes del drama de la Reforma protestante, Johann von Staupitz (1460-1524) desempeñó un papel muy significativo por su condición de híbrido, de impuro. Al menos, así resulta en lectura retrospectiva tanto desde el mundo protestante como desde el católico. Lutero, que reconocía sin ambages la deuda intelectual, afectiva[1] y espiritual[2] que tenía con su maestro y antiguo superior agustino, no sobrellevó con paciencia la negativa de von Staupitz a secundar su revuelta y no escatimó duros calificativos para aquél que, hasta el último momento, se mostraba orgulloso de la amistad con su antiguo discípulo y evocaba su intimidad con él que, como Jonatán para David, era «amabilis super amorem mulierum» (Vulg. 2 Sam. 1, 26)[3].

lunes, 30 de enero de 2017

Seamos sobrios


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El presbítero toletano don Francisco José Delgado se toma la molestia de refutar mi artículo publicado en Alfa y Omega en su número del 26 de enero de 2017. Resulta que mi artículo sería, para don Francisco José, emblemático de varios errores que incluye en la estirpe de la egregia categoría de una “escolástica decadente” o al menos llevaría ese regusto. Vaya por delante que resulta un poco áspero que a uno le adscriban a una corriente a la que no cree pertenecer, pero si además se trata de su variante desportillada, la cosa es más desabrida aún.

lunes, 23 de enero de 2017

El tesoro de la Iglesia puede dar sorpresas


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“Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad”. Si alguna vez Aristóteles pronunció esta frase, poco importa. Se non è vero, è ben trovato. Es una sentencia irisada, digna de meditación. A veces, uno se encuentra en una situación en la que adivina las razones (de la razón o del corazón) que mueven a los próximos y, a pesar de ello, tiene que perseguir una pista diferente. Eso es lo que me sucede hoy con tantos amigos que se sienten confundidos en relación a la disciplina que introduce la exhortación apostólica Amoris lætitia y que conciben sombríos vaticinios sobre la suerte de la Iglesia. Con tono cordial –mi historia de excesos es mi mejor maestra– me atrevo a brindar aquí lo que ya he compartido en otros ámbitos y con otros amigos. Porque también conmigo lo han compartido y creo que es mi deber contribuir a apaciguar los ánimos entre los cristianos.

sábado, 12 de octubre de 2013

Menospreciar en exceso, no amar lo suficiente



El nombre es reciente, pero la cosa no. Me refiero a la “ideologización”. Una de sus manifestaciones es reducir verdades descomunales a esquemas rígidos y manejables que vuelven opaca la propia verdad. Es por eso que en las afirmaciones grandilocuentes conviene, antes que posicionarse –a favor o en contra– distinguir un ímpetu inicial y una plasmación del pensamiento. Muchas veces podremos salvar la intención, hasta identificarnos con ella, sin que por ello tengamos que sentirnos obligados a mantener discursos insostenibles. ¡Cuántos duelos y quebrantos nos hubiéramos ahorrado de haber tenido esa constatación más a mano!

En la historia cristiana aflora recurrentemente un esquema simplicísimo que pretende sintetizar la compleja relación entre lo creado y la gracia: el menosprecio del mundo, por contraposición al amor de Dios. El monje Bernardo de Morlaix se ganó fama con su poema “De contemptu mundi”, pero la idea es muy anterior, ni siquiera cristiana. Quizás más bien estoica, que los estoicos eran tipos muy dados a los esquemitas morales.

jueves, 13 de junio de 2013

El bien que Dios quiere sacar de la crisis actual


Un aspecto esencial y constante de la vocación cristiana es que, para avanzar en la intimidad divina, para avanzar por tanto en un amor de las criaturas que sea conforme al modo en que Dios las ama, esa vocación de hijos de Dios conlleva un llamamiento a un desapego de lo creado que puede llamarse un “éxodo” a un desierto espiritual.
Entonces, ¿por qué se da en nuestro tiempo un llamamiento especial a esta orientación hacia el desierto?
Que de la gran crisis actual Dios quiere sacar un bien inmenso es algo que está fuera de discusión. Es una certeza de fe. Lo que tenemos que preguntarnos es solamente qué bien inmenso quiere obtener Dios.
He aquí la respuesta: el bien que debe salir de la presente crisis es una gran unión de amor de los cristianos con Cristo y con su Madre en la pobreza, la soledad, la noche del Calvario.

jueves, 25 de abril de 2013

España y las Españas



En algunas ocasiones emerge la cuestión de si, cuando decimos “España”, estamos diciendo lo mismo que en esas pocas ocasiones en las que seguimos recurriendo al viejo plural de “las Españas”. En ocasiones una palabra, polisémica, representa diversos significados; y otras veces un solo significado es representado por distintos vocablos, sinónimos.
El asunto tiene su enjundia, por no decir su gran interés. Sin sombra de duda, históricamente se ha dado un uso indistinto u oscilante de “España” y de “las Españas” para referirse a una y la misma realidad: la comunidad política que en un primer momento se identifica con el reino visigodo y que, con el decurso del tiempo, llegará a integrar territorios en ambos hemisferios (y que hoy está en estado latente). En ese sentido, si las crónicas llaman a Alfonso III de Asturias “Adefonsus Hispaniae rex” o “Hispaniae imperator” (rey/emperador de España), también se refieren a Sancho el Mayor de Navarra como “Sancius, Hispaniarum rex” (rey de las Españas).
Pero llega un momento en el que el término España, a partir de la edad moderna y más intensamente en la contemporánea, se vuelve polisémico. De manera que a partir de ahora sólo uno de los sentidos de la palabra “España” sigue siendo sinónimo estricto de “las Españas”.

miércoles, 3 de abril de 2013

La imperfección del bien común temporal


Mejorable, pero existente

El bien común temporal es siempre contingente y, por lo mismo, imperfecto: siempre cabe imaginar formas más perfectas de su realización. Lo cual no es ningún óbice para efectuar un discernimiento prudencial sobre si es o no posible alcanzar el bien común en un determinado momento histórico, ni tampoco desdice en nada del bien común efectivamente realizado decir de él que es perfeccionable. La Castilla y el León de San Fernando o las Españas de Ysabel y Fernando son ejemplos de realización del bien común y, sin embargo, más allá de sus defectos en su aspecto de bien logrado, son esencialmente perfectibles.