sábado, 12 de octubre de 2013

Menospreciar en exceso, no amar lo suficiente



El nombre es reciente, pero la cosa no. Me refiero a la “ideologización”. Una de sus manifestaciones es reducir verdades descomunales a esquemas rígidos y manejables que vuelven opaca la propia verdad. Es por eso que en las afirmaciones grandilocuentes conviene, antes que posicionarse –a favor o en contra– distinguir un ímpetu inicial y una plasmación del pensamiento. Muchas veces podremos salvar la intención, hasta identificarnos con ella, sin que por ello tengamos que sentirnos obligados a mantener discursos insostenibles. ¡Cuántos duelos y quebrantos nos hubiéramos ahorrado de haber tenido esa constatación más a mano!

En la historia cristiana aflora recurrentemente un esquema simplicísimo que pretende sintetizar la compleja relación entre lo creado y la gracia: el menosprecio del mundo, por contraposición al amor de Dios. El monje Bernardo de Morlaix se ganó fama con su poema “De contemptu mundi”, pero la idea es muy anterior, ni siquiera cristiana. Quizás más bien estoica, que los estoicos eran tipos muy dados a los esquemitas morales.

sábado, 5 de octubre de 2013

Españoles sin España


 

+Querido amigo:
No sé si habrás partido ya para el Perú o todavía no. En cualquier caso, te tendremos presente en nuestras plegarias familiares. Te ruego hagas tú lo mismo. […].
Te agradezco la confianza, que demuestra que, en una medida bien cierta, España sigue viva: en ti y en mí, que nos sabemos deudores de tanto a tantos españoles que nos han precedido. Una deuda que no cancelaremos jamás en esta vida y, por eso mismo, podremos decir que, mientras un español se siga sabiendo deudor de su patria, España no habrá muerto del todo.

sábado, 13 de julio de 2013

El santo sacrificio y los mártires, en nuestra mirada



En relación con esta multitud de mártires hay que señalar algo muy revelador de la condición en la que se encuentran actualmente los países que conformaron la Cristiandad. Esta multiplicación de mártires, a pesar de ser conocida por todos los cristianos, con frecuencia atrae mucho menos su atención que el crecimiento del ateísmo. Se puede decir que la Iglesia de los primeros siglos vivió del culto a sus mártires. Enseguida querían celebrar sobre sus tumbas –a las que denominaban, con palabra magnífica, sus memorias– el sacrificio eucarístico, llamado también “memoria” o “memorial” de la muerte del Señor. Entonces se comprendía que la vida cristiana está toda entera asimilada al sacrificio de Cristo y que, por lo tanto, del mismo modo en que la celebración sacramental del Santo Sacrificio es la cima de la vida aquí abajo, la modalidad más manifiesta de la unión con Cristo-Hostia es el martirio. 

jueves, 13 de junio de 2013

El bien que Dios quiere sacar de la crisis actual


Un aspecto esencial y constante de la vocación cristiana es que, para avanzar en la intimidad divina, para avanzar por tanto en un amor de las criaturas que sea conforme al modo en que Dios las ama, esa vocación de hijos de Dios conlleva un llamamiento a un desapego de lo creado que puede llamarse un “éxodo” a un desierto espiritual.
Entonces, ¿por qué se da en nuestro tiempo un llamamiento especial a esta orientación hacia el desierto?
Que de la gran crisis actual Dios quiere sacar un bien inmenso es algo que está fuera de discusión. Es una certeza de fe. Lo que tenemos que preguntarnos es solamente qué bien inmenso quiere obtener Dios.
He aquí la respuesta: el bien que debe salir de la presente crisis es una gran unión de amor de los cristianos con Cristo y con su Madre en la pobreza, la soledad, la noche del Calvario.

miércoles, 1 de mayo de 2013

El artista y su obra: la concepción de María santísima




Éste fue el decreto que las tres divinas Personas manifes­taron a los santos ángeles porque, llegado ya el tiempo destinado para la formación de esta Reina, convenía no lo ocultase el Señor. Con limitación diré lo que pudiere de lo que manifestó el Señor a los ángeles en esta ocasión:

jueves, 25 de abril de 2013

España y las Españas



En algunas ocasiones emerge la cuestión de si, cuando decimos “España”, estamos diciendo lo mismo que en esas pocas ocasiones en las que seguimos recurriendo al viejo plural de “las Españas”. En ocasiones una palabra, polisémica, representa diversos significados; y otras veces un solo significado es representado por distintos vocablos, sinónimos.
El asunto tiene su enjundia, por no decir su gran interés. Sin sombra de duda, históricamente se ha dado un uso indistinto u oscilante de “España” y de “las Españas” para referirse a una y la misma realidad: la comunidad política que en un primer momento se identifica con el reino visigodo y que, con el decurso del tiempo, llegará a integrar territorios en ambos hemisferios (y que hoy está en estado latente). En ese sentido, si las crónicas llaman a Alfonso III de Asturias “Adefonsus Hispaniae rex” o “Hispaniae imperator” (rey/emperador de España), también se refieren a Sancho el Mayor de Navarra como “Sancius, Hispaniarum rex” (rey de las Españas).
Pero llega un momento en el que el término España, a partir de la edad moderna y más intensamente en la contemporánea, se vuelve polisémico. De manera que a partir de ahora sólo uno de los sentidos de la palabra “España” sigue siendo sinónimo estricto de “las Españas”.

sábado, 20 de abril de 2013

Un hombre en pie: pensamiento de un carlista de Leiza



El pasado martes santo, 26 de marzo de 2013, el ayuntamiento de Leiza acordó por mayoría absoluta (9 concejales –de la izquierda abertzale– sobre 11) retirar el nombramiento de hijo predilecto de Leiza a don Antonio Lizarza, carlista e hijo de la villa. Otro hijo de Leiza, mi amigo el concejal Silvestre Zubitur, valientemente intervino en el pleno del consistorio en protesta contra esa cobarde decisión. Recojo a continuación sus palabras y ruego que se difundan y mediten. Aún quedan hombres. Un abrazo, Silvestre. J.A.Ullate

***
 
Las revanchas son una forma triste de ajustar cuentas con el pasado. Es posible que retirar un reconocimiento honorífico a una persona que pensó de un modo distinto a los que hoy tienen el poder produzca satisfacción en los que mandan, pero eso no es nada en comparación con la decepción y dolorosa sensación de que las ideas callan cuando la fuerza se impone. Y si con actos así las ideas callan, las preguntas resuenan.

Por ejemplo, 

¿Cómo pudo ser que un pueblo como Leiza, tan vasco y tan trabajador y popular, fuera durante la mayor parte de la época contemporánea un bastión del carlismo?

¿Cómo pudo ser que, hasta la aparición del nacionalismo, la inmensa mayoría de los leizarras, sencillos trabajadores y pequeños propietarios, fueran carlistas de corazón dispuestos al sacrificio por defender sus convicciones?

¿No habrá tenido nada que ver el carlismo en la preservación de la cultura vasca de Leiza?

¿Aquél viejo carlismo no sería una fuerza de defensa de las libertades populares frente al centralismo liberal invasor?

¿No habrá tenido el carlismo parte en la formación de una conciencia celosa, por los derechos de la gente, y una intolerante, frente a los abusos?

miércoles, 3 de abril de 2013

La imperfección del bien común temporal


Mejorable, pero existente

El bien común temporal es siempre contingente y, por lo mismo, imperfecto: siempre cabe imaginar formas más perfectas de su realización. Lo cual no es ningún óbice para efectuar un discernimiento prudencial sobre si es o no posible alcanzar el bien común en un determinado momento histórico, ni tampoco desdice en nada del bien común efectivamente realizado decir de él que es perfeccionable. La Castilla y el León de San Fernando o las Españas de Ysabel y Fernando son ejemplos de realización del bien común y, sin embargo, más allá de sus defectos en su aspecto de bien logrado, son esencialmente perfectibles. 

domingo, 31 de marzo de 2013

El don del Espíritu Santo nos justifica para que, conducidos de la mano, imitemos a Cristo



La resurrección del Señor.
Bajorrelieve romano del s.V. que el British Museum custodia por algún legítimo e ignoto motivo

“Este es el oculto y horrible veneno
de vuestra herejía:
queréis que la gracia de Cristo consista en habernos dejado su ejemplo y no en el don de sí mismo.
Decís que nos hacemos justos por imitarle, en lugar de creer que los hombres se  justifican por dispensación del Espíritu Santo, derramada copiosísimamente sobre los suyos para que, conducidos de la mano, lo imiten a Él”.


San Agustín, Op. imp. contra Iulianum, II-146*.


Emocionado por la gracia de Cristo resucitado, ruego al Padre por todos vosotros, mis cofrades lectores, ocasionales o habituales, amigos todos del brigante (particularmente por aquellos con los que estoy en afrentosa deuda epistolar. Me acojo a la algazara desbordante y objetiva de este día para implorar vuestra indulgencia y una prórroga).

Estáis todos en mis plegarias conmovidas.

El Señor dispuso que el martes santo sufriera un percance que me ha tenido alejado de las hermosas celebraciones de esos santos días y todavía sigo perjudicado. Como Pedro, también me mantuve a distancia. Y a pesar de nuestros pecados, sin hacer caso de nuestra falta de preparación, de nuestra indisposición, Jesús surge de los muertos. Su gracia vale más que la vida y no se deja reducir a nuestros esquemas. Bendito sea.

Os deseo una Pascua llena de gozo, de audacia y de santidad. Y rezo por que crezca esta amistad. Un abrazo.

El brigante

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 *  Hoc est occultum et horrendum virus haeresis vestrae, ut velitis gratiam Christi in exemplo eius esse, non in dono eius, dicentes quia per eius imitationem fiunt iusti, non per subministrationem Spiritus Sancti, ut eum imitentur, adducti, quem Spiritum super suos ditissime effudit.

domingo, 17 de marzo de 2013

Lo que escandaliza al discípulo al ladrón le hace encontrar la fe


Donde el ladrón encontró la fe, allí la perdió el discípulo

“Hagamos memoria de la fe del ladrón, fe que Cristo no encontró en sus discípulos después de la resurrección”, comenta San Agustín.

El escenario es catastrófico: “Colgaba Cristo de la cruz y colgaba también el ladrón”. No es precisamente lo que llamaríamos el mejor “preámbulo de la fe”, no es el ejemplo de una pedagogía fácil que predisponga dulcemente nuestra razón y nuestros sentidos a la aceptación del don de la fe. No es el tránsito imperceptible por el que de la delicada bondad natural que arropa y se recibe en una familia cristiana se pasa a la regeneración de la fe. En el último momento antes de su muerte, Jesús nos enseña el límite de nuestros razonamientos apologéticos, corrige divinamente nuestras rarefactas previsiones maquinales para producir la fe; nos recuerda la ambivalencia de un entorno favorable para el encuentro y el don de la fe, y nos trae la memoria que la fe es, siempre, un milagro. Y no más milagro en el madero que en la cuna de un cristiano viejo.

lunes, 4 de marzo de 2013

La crisis y el ejemplo de San Vicente



Ahora, la enseñanza que entreveo en aquella penitencial aventura de Ferrer durante el Gran Cisma. La Iglesia hoy está afligida por tempestades diferentes, pero tremendas también. El rebaño que se ha resistido a la dispersión está desorientado. Yo también apuro mi ración de desconcierto. Es duro admitir que uno no llega siquiera a formarse una imagen completa de una realidad, que no alcanza a incluir toda la información relevante sobre la situación de la Iglesia dentro de un solo razonamiento sustancial. Que no sabemos qué está pasando. Bueno, eso no es verdad del todo. No sabemos lo que está pasando en cuanto al desciframiento del cúmulo de sucesos individualmente considerados, uno a uno. Alcanzamos, sí, a aplicar principios dogmáticos a fragmentos del problema –algunos, más despabilados, a muchos problemas– pero no a su conjunto. Tampoco, por lo mismo, somos capaces de formarnos una idea sintética, de dar con una clave, todavía en el orden de las causas segundas, que explique el porqué de este escenario. Pero no son ésas las únicas verdades disponibles, ni la verdad más alta, sobre este asunto. Nuestra fe no es saldo en almoneda o, por decirlo a la moda, no es “falsable”. La fe tiene sus preámbulos razonables y tiene sus razonadas defensas púgiles. Es lo debido y es imprescindible. Pero el corazón de la fe se escurre de esos ruedos: es merced del cielo, es pacífica posesión de una verdad de la que no somos caporales y a la que no podemos acostumbrarnos. ¡Sabiduría de Péguy que alertaba contra las “almas acostumbradas”!

lunes, 18 de febrero de 2013

Añeja enseñanza para las crisis de autoridad en la Iglesia (II)


"Timete Deum et date illi honorem..."


San Vicente murió el 5 de abril de 1419, un año y cinco meses después de la elección de Martín V. Es probable que el santo llegase a reconocer como tal al papa de la unidad recuperada. Si lo hizo no me consta cuándo. En todo caso, en esos meses finales prosiguió la misma línea de conducta de sus años últimos: parece que evitó hacer del asunto objeto de su predicación.
De la trepidante vida de San Vicente Ferrer me interesa ahora extraer una enseñanza. Entre el fogoso religioso treintañero y el desgastado y sereno fraile sesentón media un cambio de actitud radical en cuanto al problema de la autoridad. Sin embargo no parece que sufriera una evolución reseñable en cuanto a sus posicionamientos doctrinales. Es decir: la doctrina es la misma e inalterable en el santo joven y en el anciano. ¿Dónde está el cambio? A mi modo de ver el dominico, cribado por la dura experiencia, ha profundizado en su sabiduría y en su prudencia hasta advertir la importancia de factores contingentes que antes infravaloraba. Las cosas que él exponía en su tratado del cisma eran, prácticamente todas y desde luego las más importantes de ellas, verdaderas. Pero no eran todas las que estaban en juego, por lo cual, de premisas verdaderas (pero no completas) podía concluir una falsedad.